Celebridad, poder y arte en una Met Gala sin tono crítico
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Encuentro en la Huerta de San Vicente: un viaje por la brevedad, la influencia de Kafka y la disciplina férrea tras el éxito de la narrativa cortísima
Cortesía: FIP 2026 de Granada, España.
En la Huerta de San Vicente, la casa de verano de Federico García Lorca, la tarde del 4 de mayo se convirtió en un escenario de excepción para la literatura. La escritora argentina Ana María Shua, una de las voces más influyentes de la narrativa breve, mantuvo un encuentro con Remedios Sánchez en el que detalló su proceso creativo y su visión del mundo a través de la brevedad. Durante la charla, se destacó cómo su obra logra un grado de concentración e intensidad que permite que lo cotidiano se desajuste y revele su extrañeza.
Remedios Sánchez inició el diálogo subrayando la relevancia de Shua, afirmando que “el microrrelato de María Shua es el espacio preciso, exacto, donde la brevedad no va a empobrecer en ningún momento el sentido”. En este entorno lorquiano, se recordó la conexión entre la sensibilidad de la autora y la idea de Lorca sobre el amor de Granada por lo diminuto, donde quien domina la palabra entiende la trascendencia del símbolo. La presentación también puso en valor la influencia de Shua en nuevas generaciones de escritores, como la premiada Samanta Schweblin.
Al abordar sus orígenes, Shua explicó que para ella la brevedad nunca fue una limitación, sino una herencia natural de la tradición argentina. La autora recordó que maestros como Borges, Bioy Casares, Cortázar y Silvina Ocampo cultivaron el género mucho antes de que la crítica le diera su nombre actual. Según Shua, en sus inicios no existía el término microrrelato, sino que se hablaba de “cuento brevísimo”, una categoría que ella exploró para concursos en revistas mexicanas.
Respecto a sus referentes, la escritora argentina fue categórica al señalar que “para mí el gran microrrelatista del siglo XX fue Kafka”, mencionando también a figuras como Italo Calvino y Henri Michaux. Shua relató cómo, a pesar de esta rica tradición, los editores tardaron en reconocer la validez comercial y literaria del género, un obstáculo que ella tuvo que sortear al inicio de su carrera. Esta persistencia la ha consolidado hoy como una referente indiscutible del género a nivel internacional.
Sobre el acto de escribir, la escritora argentina describió el proceso como una “guerra que tenemos los escritores contra las palabras”, donde el resultado final es siempre fruto de una negociación entre la mente y lo que el lenguaje permite transmitir. Confesó que, a diferencia de otros autores, su literatura es “muy volitiva”, pues no escribe por una necesidad desbordante o inspiración romántica, sino por una decisión consciente de su voluntad. “Yo siempre tuve que salir a la caza de las palabras. Jamás vinieron a mí”, admitió con sinceridad.
Esta disciplina férrea se traduce en un método de trabajo donde cada libro, sea una novela o un conjunto de microrrelatos, le exige aproximadamente tres años de dedicación. Shua explicó que, para sus libros de textos breves, se impone el reto de alcanzar los 365 relatos para luego seleccionar los mejores, aunque confesó que el pozo suele secarse antes de llegar a esa cifra. Una vez terminado un libro en un género, necesita cambiar radicalmente a otro, alternando entre la novela, el cuento y el microrrelato.
La infancia juega un papel crucial en su formación, no solo como autora sino como lectora voraz. Shua recordó que empezó a escribir poemas a los ocho años y que el apoyo de una maestra a los diez fue fundamental para descubrir la necesidad del “aplauso del público” que todo artista requiere. Para ella, la lectura es una condición innegociable: “Si va a ser escritor, eso sí que no lo puede evitar. Puede evitar escribir, pero no puede evitar leer”.
En cuanto a la construcción de sus historias, combina su biblioteca interior con una investigación rigurosa, como demostró en su obra Fenómenos de circo. En dicho libro, indagó en personajes reales tan disparatados que los lectores suelen creer que son inventados, como un hombre capaz de tragarse paraguas. Para la autora, la mirada personal es lo que define al escritor y convierte la literatura en una “transmigración de almas”, permitiendo ver el mundo a través de los ojos de otro.
Un segmento de la charla se dedicó a su labor en la literatura infantil, la cual considera “más fácil” solo por un motivo práctico: la brevedad de los libros, ya que el esfuerzo literario es idéntico al de la obra para adultos. Shua utiliza el oficio para recrear mitos y leyendas cuando no tiene ideas propias, buscando siempre atrapar el interés de los niños de hoy. “Los cuentos populares, los mitos, las leyendas han atravesado las barreras del tiempo y del espacio… porque son extraordinarios”, afirmó.
La presencia de la mujer en su obra también fue un tema de análisis, aunque Shua aclaró que, si bien sus personajes femeninos están muy afinados, también escribe frecuentemente desde la perspectiva masculina. Para ella, escribir sobre mujeres es una consecuencia natural de la realidad, señalando con humor que “somos mayoría” en el mundo. No obstante, reconoció que la identidad y la mirada personal son los elementos que otorgan autenticidad a cualquier construcción literaria.
Hacia el final de la conversación, se abordaron temas más sombríos pero esenciales en su narrativa, como la enfermedad y la fragilidad del cuerpo. Shua vinculó esta obsesión con su primera novela, Soy paciente, escrita en 1978, y cómo la relación médico-paciente le resulta fascinante por sus tintes de poder y sufrimiento. Para la autora, la muerte es el tema subyacente de toda literatura, ya que, en última instancia, “ninguna historia humana en realidad termina bien”.
La charla concluyó con una reflexión sobre la libertad y el peso de los detalles. Shua defendió que la literatura reside en lo minúsculo, como el modo en que un personaje unta mantequilla en un pan, pues es ahí donde se revela la verdadera esencia de la vida. Ana María Shua se despidió de la Huerta de San Vicente reafirmando su compromiso con la palabra precisa y la libertad del individuo frente a las circunstancias.
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En sus veintiún años de historia, se ha consolidado como el gran evento literario español, reconocido internacionalmente como clave del presente y el futuro cultural granadina.
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