Museo de Memoria itinerante sobre Nicaragua
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El destierro masivo y la prohibición de entrada a ciudadanos nicaragüenses es una violación flagrante de la Carta Universal de los Derechos Humanos
Un grupo de pasajeros es atendido en el área de Migración del Aeropuerto Internacional de Nicaragua. | Foto: Tomada de El 19 Digital
Para reírse o llorar, es el nivel de disparate al que ha llegado el danielismo cuando justifica sus arbitrariedades.
A través de sus voceros y en uno de los canales oficiales, la dictadura familiar dice que “se reserva el derecho de admisión” al país, como si Nicaragua fuera un salón de fiesta (como el de Trump en el ala este de la Casa Blanca), un teatro, o un ateneo en las calles de El Carmen donde los dueños deciden sobre el derecho de acceso de la clientela. ¿Qué tienen en la cabeza y en la lengua —me lo pregunto en serio— para decir tanto disparate?
En unas declaraciones colmadas de frases hechas, aprendidas, practicadas y repetidas como loritos por voceros la dictadura familiar, que darían risa de no tratarse de un asunto tan serio como la violación a varios derechos fundamentales consignados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la misma que Nicaragua y 47 Estados más aprobaron en 1948, la dictadura alega un “derecho de admisión” como el de los servicios turísticos para reemplazar, con lujo de ignorancia y desfachatez, los verdaderos derechos, algunos de los cuales cito a continuación:
Carta Universal de los Derechos Humanos
Artículo 9: Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.
Artículo 13: 1) Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2) Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
Artículo 15: 1) Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2) A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.
Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículo 28: Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.”
Todos y cada uno de estos derechos son violados sistemáticamente por la dictadura, por sus esbirros de la Dirección de Migración, de la Policía Nacional, del Ejército de Nicaragua y el Ministerio del Interior.
Quien lea completa la Carta Universal de los Derechos Humanos (los voceros oficiales parecen no conocer el buen hábito de la lectura) verá que no hay tal “derecho admisión” con el que la dictamásdura de Nicaragua, de nuevo, tergiversa la verdad, cuando alegan que lo hacen para “protegerse” del “crimen organizado”, de “la trata de personas”, de criminales “dedicados a la explotación sexual” que ponen “en riesgo la paz y la seguridad nacional”.
El único peligro a la seguridad nacional y a la paz de Nicaragua es la presencia de usurpadores en el poder que a punta de elecciones robadas y con el apoyo de un séquito de zombies, clonados del zancudismo somocista, que los apoyan y se agarran al poder por un salario, un cargo, o un buen negocio.
Por el contrario, lo que demuestran los derechos que sí existen, es que la práctica creciente de negar el ingreso de nicaragüenses a su país, de desterrar, desnacionalizar y negar la reposición de documentos de identidad, pasaportes de viaje y certificados de origen, son violatorias de los verdaderos derechos y son los autores de esos delitos el verdadero crimen organizado en Nicaragua.
Es el irrespeto a las formas democráticas y al ejercicio de derechos consignados en instrumentos universales y no un “derecho de admisión” lo que representa una violación a la seguridad y a la paz de Nicaragua.
Es el destierro masivo (muchas veces no confesado por temor a represalias), el prohibir la entrada a periodistas, religiosos, defensores de derechos humanos, influencers, activistas políticos, profesionales, a cualquier líder de opinión que no es considerado capaz de sumisión, complicidad, silencio o pacto económico y se atrevió o se atreve a criticar, a marchar, a denunciar, a escribir, a hacer trabajo social, a alzar la voz contra los abusos del poder y por ello apresados, o expulsados, lo que sí representa una violación flagrante a los verdaderos derechos y un atentado contra la seguridad nacional y la paz de Nicaragua.
Son ustedes voceros, cómplices, empleados, socios, guardias y familiares de la dictamásdura y más sanguinaria que ha vivido Nicaragua en doscientos años, la verdadera red de crimen organizado que está destruyendo y aislando a Nicaragua.
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Periodista, traductora y asesora editorial. Reside en Costa Rica desde julio del 2025, tras su destierro de Nicaragua. Dirige dos agencias propias: ComunicArte, desde 2017, y EyE Communication Studio desde 2011. Acompaña a organizaciones de la sociedad civil en campañas de comunicación, incidencia, producción editorial y literaria. Ha publicado cuentos en varias antologías.
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