Logo de Confidencial Digital

PUBLICIDAD 4D

PUBLICIDAD 5D

El giro a la derecha en América Latina y el Caribe

Aunque los gobiernos de derecha son muy disímiles, tienden a alinearse con Trump, y en la crisis de Venezuela, eso ayudaría a Nicaragua por defecto.

El presidente de EE. UU., Donald Trump (izq.), saluda a su homólogo argentino, Javier Milei, en la entrada de la Casa Blanca, en Washington, el 14 de octubre de 2025. | Foto: EFE/EPA/Will Oliver

Manuel Orozco

AA
Share

Hay un rumor que está generalizando la creencia de que América Latina y el Caribe han girado hacia la derecha. Desde abril de 2023 han sido electos, en al menos siete países, posiblemente ocho con Costa Rica en febrero, líderes con tendencia hacia la derecha. O más bien, desde la última elección de Lula y el fallido gobierno de Petro, se dice que terminó el ‘izquierdismo’ latinoamericano.  

Estos giros, de alguna manera, parecen ser pendulares, conforme a situaciones cíclicas y variables que no necesariamente indican una clara preferencia de programación ideológica sino de luchas entre partidos históricos y emergentes con sus élites y caudillos, a veces desde atrás al frente, defendiendo un estatus político más que una visión programática de nación. Es innegable, sin embargo, que estos se identifican de izquierda o derecha.

Hay precedentes abundantes de estos movimientos pendulares, tales como el giro que Latinoamérica tomó en su primera transición democrática a principios de los ochenta que coincide con la crisis de la deuda externa y muestra a gobiernos de centro que conforman su prioridad alrededor de la estabilidad económica y reconciliación nacional; o a mediados de los noventa, cuando se da el giro a un neoliberalismo de reforma de Estado que se consolidó detrás del llamado ‘Consenso de Washington’.  

También está el movimiento pendular hacia la izquierda que comienza con el Chavismo venezolano (1999), el Kirchnerismo (2003-2015) y se fortalece años antes de la crisis global del 2009, con El Salvador (2009-2019), Nicaragua (2007-), el PAC en Costa Rica (2014-2022), Lula en Brasil (2011-2017), Evo Morales y su movimiento boliviano (2006-2019), el Correísmo (2007-2017) en Ecuador, el breve retorno del PRI en México (2014-2019), Alan García en Perú (2006-2011, y Ollanta Humala su primer año) que dan lugar a la CELAC (2010).  

De ahí, sin mucha precisión, la región pasa por un período híbrido entre 2018 y 2023, en lo que prevalece lo que Moisés Naím describió como la época de la venganza de los autócratas caracterizado por la polarización, la post verdad y el populismo que surge frente a un fuerte deterioro de la gestión del Estado creando crisis profundas en Venezuela, Cuba, Haití, Honduras, Bolivia, Ecuador, Perú, Nicaragua, períodos que también coinciden con la pandemia del covid-19. Se da un fuerte deterioro del Estado con manifestaciones en ejes opuestos, autoritarias o de completa fragmentación del poder (Perú y Haití). Hay una pequeña presencia de la izquierda en México, Chile, Perú, Costa Rica y Colombia, pero solo México logra retenerla desde el 2019.

A partir de abril de 2023, Paraguay, Panamá, Argentina, Ecuador, Bolivia, San Vicente, Chile, Honduras se observa un turno parcial hacia la derecha. Mientras que Costa Rica y El Salvador (2019-), poco antes, emergen como gobiernos que abiertamente endosan reformas en nombre de la lucha contra la corrupción, el crimen organizado y el abuso del Estado de derecho. 

En cada país, la labor de gobernar es diferenciadamente específica al contexto del país y no hay una marca ideológica de por medio, excepto el anti-izquierdismo. Argentina marca su posicionamiento en contra del Kirchnerismo y de la reestructuración económica; Paraguay busca continuidad dentro de una protección a círculos de poder tradicionales de derecha; para Noboa en Ecuador la prioridad es abordar el crimen organizado como principal tarea. Pero el proceso no es lineal: México continúa con su gobierno social reformista, Guatemala con expresión socialdemócrata, República Dominicana, Jamaica, Guyana con partidos de centro y Uruguay retiene un perfil independiente y democrático. De alguna manera solo se observan cuatro países fuertemente estables y consistentemente democráticos, Jamaica, República Dominicana, Chile y Uruguay. 

¿Qué tienen en común los gobiernos emergentes de derecha? 

A pesar de la coincidencia en los tiempos, ideológicamente estos partidos y líderes poseen poco en común, pero políticamente comparten algunas características, entre ellas, el enfoque programático, de ser electos para corregir o revertir medidas de los problemas causados por los gobiernos predecesores, por tener o mostrar una simpatía oportunista hacia el Presidente Trump, incluido el posicionamiento sobre Venezuela, y tener un liderazgo desgastado o en dirección al desgaste rápido. 

En todos estos países, la elección estuvo precedida por un deterioro económico o del Estado de derecho; Argentina es el caso más emblemático, pero Bolivia es otro país en donde hay una crisis económica en medio de fuertes conflictos con los sindicatos. Ecuador se enfrenta al surgimiento del crimen organizado en medio de la pandemia, y Panamá también a negociaciones sindicales. Mientras que en Honduras, el populismo de Mel Zelaya y Xiomara Castro no revierte la corrupción crónica o la presencia del crimen organizado, con una economía mediocremente funcional.  

Ciertamente, desde Bukele, Milei, Noboa, Chaves, y ahora Asfura, hay una simpatía por la ‘mano dura’ de Trump, independientemente de cómo las políticas de deportación, injerencia, China o aranceles afecten a sus países. Esa simpatía tiene un ingrediente oportunista toda vez que algunos de ellos creen que los hace ver como ‘favoritos’ de la región y, por lo tanto, aliados y favorecidos de políticas hacia sus países. Hasta ahora, ese no ha sido el caso para ningún país. La política de Donald Trump ha sido en pro de aumentar su bagaje político a la Trump, no de mejorar las relaciones diplomáticas y la cooperación. 

También todos estos líderes muestran tener un desgaste político sustancial. Noboa, Chaves, Bukele son líderes cuyo capital político hoy día ha bajado en relación con lo que tenían al empezar. Además, algunos, como Peña, Chaves, y Asfura ya traían cola por su pasado o vínculos con actores menos comprometidos con el proceso democrático y el público lo sabe.  

En este sentido, es muy difícil concluir que estos líderes tienen y comparten paradigmas ideológicos en común porque provienen de referentes históricos y políticos muy diferentes. Unos son nuevos en la jugada política (Chaves, Milei, Noboa), otros tienen un enfoque programático de apagafuegos, y lo que tienen en común ideológicamente es un desprecio por lo que se vende como izquierda.

¿Se acercan más gobiernos de derecha en el 2026?

La respuesta es sí. Al menos, en la contienda electoral en tres de los cinco países que sostendrán elecciones presidenciales (Costa Rica, febrero; Colombia, marzo;  Haití, agosto), los líderes conservadores o de derecha predominan como favoritos por encima de candidatos de la izquierda tradicional. En Perú (Abril) y Brasil (Octubre) el escenario es más complicado. En Perú, frente a la fragmentación prevaleciente, más del 30% del electorado piensa votar en blanco, pero los dos principales candidatos, Keiko Fujimori y Rafael López, pertenecen a tendencias conservadoras. Mientras tanto, la telenovela electoral brasileña registrará un déjà vu con Lula buscando reelegirse (con buenas posibilidades) y contendientes como el hijo de Bolsonaro. Si bien es cierto que, en Colombia, el candidato de izquierda tiene más apoyo, hay dos candidatos de derecha muy de cerca en un momento en que el electorado no quiere a Petro o a un heredero de él.

¿El giro a la derecha ayuda a la causa democrática o a la dictadura en Nicaragua?

El giro hacia la derecha ayuda a Nicaragua por defecto porque estos países ponen más distancia contra la dictadura y en algunos casos estarán dispuestos a confrontarse con Rosario Murillo. Los gobiernos recientes de la derecha han expresado su desacuerdo y crítica a la dictadura. El presidente electo Asfura puso distancia y dio a entender que Nicaragua era un país amigo, pero tal expresión la va a rectificar con una diplomacia de bajo perfil. En Colombia, Nicaragua será un tema de discusión en política exterior de campaña, mientras que en Costa Rica los candidatos la han evitado y una posible victoria de Laura Fernández no indica un giro diplomático fuerte, al menos por ahora.   

Realmente, un giro a la derecha no es favorable para Rosario Murillo porque el balance anti-izquierdista dentro de la OEA e incluso de la CELAC reposicionará el tema dictatorial como prioridad, en el que Venezuela es objeto de discusión y Nicaragua entrará por defecto. 

Frente a la ausencia de verdaderos partidos legítimos y realmente existentes en Nicaragua, el exilio político puede tratar de forjar vínculos con algunos de estos gobiernos; sin embargo, sus líderes del momento carecen de una agenda de abordaje de la dictadura más allá del protagonismo o figureo político de sus imágenes personales. Es vitalmente estratégico atraer la atención de Nicaragua en el entorno electoral regional de 2026, ya que la probabilidad de que en la presión hacia Venezuela se cumpla la propuesta de Marco Rubio de una transición política este año no es baja, y eso ayudaría a Nicaragua.

PUBLICIDAD 3M


Tu aporte es anónimo y seguro.

Apóyanos para que podamos seguir haciendo periodismo independiente en el exilio. Tu contribución económica garantiza que todas las personas tengan acceso gratuito a nuestras publicaciones.



Manuel Orozco

Manuel Orozco

Politólogo nicaragüense. Director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano. Tiene una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y es licenciado en Relaciones Internacionales. También, es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, presidente de Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown.

PUBLICIDAD 3D