Los pecados de Luis Cañas, el operador de la maquinaria del destierro
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Maryórit Guevara, Claudia Pineda y Rosalía Miller han transformado la adversidad en posibilidad, liderando proyectos en defensa de los derechos humanos
Ilustración: CONFIDENCIAL.
A Maryórit Guevara, Claudia Pineda y Rosalía Miller las separan miles de kilómetros de distancia, pero las une su origen nicaragüense, el exilio forzado o el destierro ordenado por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y la “necesidad” de ayudar a otras personas, algo que, reconocen, se ha convertido “casi en una obsesión”.
Sus historias son un testimonio de resiliencia y compromiso social. Ellas representan a un grupo de mujeres nicaragüenses que, a pesar de estar lejos de su país de origen, han convertido la adversidad en posibilidad de seguir ayudando a sus compatriotas.
Desde España, Costa Rica y Estados Unidos, países que han acogido a la mayor cantidad de nicaragüenses refugiados, estas mujeres continúan trabajando activamente por la defensa de los derechos humanos y el apoyo a su comunidad. Su labor no solo ha sido superar los desafíos del exilio, sino también extender una mano a otros que enfrentan situaciones de vulnerabilidad.
En conmemoración del Día Internacional de la Mujer, CONFIDENCIAL presenta tres relatos, en primera persona, de tres mujeres que demuestran que estar lejos de la patria no es impedimento para seguir construyendo un futuro más justo. Son la prueba de que, incluso en la adversidad, la esperanza se mantiene viva a través del trabajo comunitario.
La nicaragüense Maryórit Guevara posee una larga trayectoria en el periodismo y el activismo feminista. En 2018, en medio de las protestas contra el régimen Ortega-Murillo, se exilió junto a su hijo. Hoy vive en España, donde es presidenta y fundadora del Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura y del medio feminista La Lupa.
Salí de emergencia de Nicaragua y al llegar a España no tenía dónde quedarme. Los primeros tres meses nos apoyó una pareja de chicas que nos dio donde vivir, pero para mí eso era insostenible, sentía que estaba abusando de su solidaridad. Entonces, busqué la forma para entrar al programa de Apoyo al Refugiado.
En el programa tropezamos con muchos obstáculos, con mucho racismo, con mucha vulneración a nuestros derechos y no teníamos dónde reclamar. Ahí, se nos amenazaba de que nos iban a sacar del centro si nos seguíamos quejando. Al ver que no había una entidad donde poner una denuncia, surgió la idea de crear el Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura “Las Migrantas”.
“Las Migrantas” es una organización que trabaja con mujeres migrantes y refugiadas, sus hijos y sus hijas, y está sentada en las bases del feminismo. Intentamos ser una red de apoyo, un lugar de acogida para las mujeres que están llegando y que están viviendo este proceso.
Cuando trabajas con mujeres migrantes y refugiadas ves situaciones de mucho dolor. Mujeres que estan sufriendo explotación laboral, abuso sexual, trabajos con salarios de 500 euros para ser internas en una casa 24 horas, mujeres a las que se les amenaza con quitarles a sus hijos. Tiene que ver con la situación de ser migrante o refugiado y en especial cuando no tienen permiso para trabajar y residir en España.
La falta de documentos expone a las mujeres a situaciones de mayor vulneración de sus derechos, porque también son amenazadas, donde trabajan, con ser reportadas como irregulares para que las deporten a sus países.
“Las Migrantas” existe desde 2021, y desde 2023 tenemos una sede acá, en Mérida, capital de Extremadura. Tenemos tres grandes programas: el primero por una vida libre de violencia de género, el segundo está dirigido a la infancia y el tercero tiene que ver con empleo justo.
Trabajamos con mujeres de diferentes nacionalidades, tenemos dos grupos en WhatsApp —que es como nuestra comunidad en línea— de alrededor de 600 mujeres, colombianas, venezolanas, nicaragüenses, hondureñas, marroquíes. También hacemos un promedio de atención de mil mujeres al año.
No ha sido fácil. Se nos ha cuestionado un montón, por ejemplo, por qué solo trabajamos con mujeres, que por qué no trabajamos con hombres, que por qué no trabajamos con mujeres autóctonas blancas. Pero nosotras defendemos el abordaje interseccional, decolonial y antirracista que hacemos. Además, todas las que trabajamos aquí hemos vivido y tenemos esa experiencia migratoria.
De las cosas que nos hacen estar más orgullosas de lo que hacemos está ver a nuestras infancias cada vez más empoderadas, con menos miedo, con más capacidad de argumentar y decir y defenderse cuando reciben algún tipo de ataque. También el hecho de que comenzamos cinco mujeres en la junta directiva y ahora tenemos alrededor de 30 socias.
Ha ocurrido que llegan familias completas a la oficina, porque no tienen donde quedarse, y nosotras no tenemos un recurso habitacional. Pero comenzamos a llamar, a pedir favores, hasta que otras familias migrantes las reciben mientras logran alquilar un piso. Esa comunidad que hemos creado es nuestro principal logro porque esa es la esencia de lo que se pensó cuando se creó esta organización.
La socióloga Claudia Pineda descubrió su vocación desde que, siendo adolescente, en los años ochenta, fue enviada a alfabetizar en una zona rural en Boaco. Desde entonces, ha acumulado una larga trayectoria en organizaciones sociales. En 2021, cuando el régimen nicaragüense comenzó a perseguir a sus colegas, decidió salir al exilio. Hoy vive en Costa Rica, donde dirige la Unidad de Defensa Jurídica, Registro y Memoria por Nicaragua.
Salí de Nicaragua porque había una visita de patrullas de la Policía en mi casa y yo no sabía por qué. Inicialmente salí por un tiempo para ver qué pasaba. Ya habían muchos presos y presas políticas y no quería ponerme en riesgo. Para resguardar mi libertad y seguir haciendo cosas por Nicaragua decidí exiliarme. Luego vinieron las encarcelaciones a todas estas personalidades políticas.
En Costa Rica, recibimos la llamada de una familiar de una de las presas políticas que nos dijo: “ayúdenme que es desesperante, no podemos hacer nada, nosotras estamos dentro de Nicaragua y no nos podemos ir porque no las podemos abandonar”. Entonces decidimos comenzar una campaña a favor de la liberación de las personas presas políticas.
Comencé a trabajar de forma voluntaria y hace un año asumí la dirección de la Unidad de Defensa Jurídica, Registro y Memoria por Nicaragua, cuya misión es, fundamentalmente, trabajar por la protección, la defensa y la promoción de los derechos humanos, particularmente de las personas presas políticas.
La asociación lleva un registro de las violaciones a derechos humanos que se dan en Nicaragua. Sabemos que no tenemos capacidad de registrar el 100% de las violaciones, pero, por lo menos, tenemos la capacidad de identificar nuevas tendencias de represión, nuevas formas de represión y hacer las denuncias ante los organismos correspondientes.
Le damos seguimiento a las personas que están en la cárcel, su situación, sus condiciones. También apoyamos a personas excarceladas en la búsqueda de justicia, acompañándoles ante los sistemas internacionales de protección como la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Consejo y el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Este trabajo es emocionalmente muy desafiante. No podemos registrar todo el dolor de las personas cuando tienen a un desaparecido en la cárcel. Esa es una de las cosas más duras de este trabajo, pero igual es una de las cosas más gratificantes en el sentido de que las familias nos dicen: “nos sentimos acompañadas por ustedes, eso nos da valor para seguir adelante”.
A veces tratar con las familias es duro porque, por muchas cosas que hagamos, depende de la voluntad política de un régimen cruel e inhumano. Entonces, encontrar palabras de consuelo, palabras de esperanza, es bien difícil en la situación en que se encuentran las personas que están en la cárcel.
También hay momentos de alegría como la liberación de los 222 y luego de los 135, a pesar de que fueron desterrados y desnacionalizados, haber vivido ese momento fue una cosa muy grata. Luego, cada vez que hay excarcelaciones, porque lo más duro de todo es el sufrimiento de las familias y sabemos que en ese momento van a sentir alivio. Al final para eso estamos, para que los liberen.
Nuestro gran logro es contar con la confianza de los familiares y la posibilidad de acompañarles en la búsqueda de justicia. También tenemos un gran potencial de impacto porque tenemos una cantidad de información importante y, cuando llegue el momento de la transición, podremos dar evidencias para que haya justicia en nuestro país.
No es fácil estar en el dilema de denunciar y correr el peligro de que a tu persona encarcelada le hagan algo, así que aplaudimos la valentía de las personas que lo hacen. Hemos comprobado que, a través de la denuncia, personas en desaparición forzada son presentadas o personas en cárcel son excarceladas. Es la única manera que tenemos, lo que no se nombra no existe.
Nuestro sueño es que inicie pronto una transición a la democracia y que esa transición conlleve procesos de búsqueda de verdad y de justicia. Esperamos, confiamos y vamos a trabajar para que se logre. ¿Cuándo va a ser? Es muy difícil decirlo, depende de muchos factores externos e internos. Lo que sí podemos es estar preparadas para contribuir a esa búsqueda de verdad y justicia.
La nicaragüense Rosalía Miller ha vivido gran parte de su vida en Estados Unidos, donde ayudó a miles de niños hispanos a estudiar en escuelas privadas. En 2018 fundó Nicaragua Freedom Coalition para ayudar a los nicaragüenses exiliados. En 2021 el régimen Ortega-Murillo la desterró y en 2023 la despojó de su nacionalidad. En 2025, fue condecorada por el rey Felipe VI, de España, con la orden Isabel la Católica por su labor social.
En 1994 fundé el “Latino Student Fund” y, desde entonces, hemos ayudado a más de mil niños para se eduquen en colegios privados en Estados Unidos. Les aconsejamos, dando talleres, cómo preparar su perfil para ir a la universidad. Hemos tenido el 98% de aceptaciones en universidades en EE. UU., todo con beca. Ya me retiré porque debo dejar que otros tengan alitas para volar.
En esos tiempos lo que estoy haciendo es trabajar para traer justicia y democracia a Nicaragua. En 2018, cuando esa masacre ocurrió, todas las noticias venían de Nicaragua y yo estaba incrédula, no entendía —todavía no lo entiendo—, como supuestos líderes pudieran mandar a matar a jóvenes. Mi vocación siempre ha sido los niños y los jóvenes, y aquí estaban esos jóvenes siendo asesinados en mi país.
Una persona, que fue embajador en Washington, me habló y me dijo: “Rosalía, tenemos que hacer algo”. Nos juntamos con dos personas más y fundamos la “Nicaragua Freedom Coalition”. Esas personas se fueron de Washington porque tenían otras asignaciones en otros lugares del hemisferio occidental, entonces a mí me ha tocado liderar esto.
Creamos talleres para los nicaragüenses que estaban saliendo al exilio, para indicarles los procesos migratorios, cosas de visa, darles nombres de abogados que les puedan ayudar, todo lo que era necesario. Tantas personas que ya estaban en el exilio, pero que seguían llegando, se sentían solos y sin apoyo. Entonces nosotros hemos estado allí, listos para darles información verídica.
También hemos tenido conexiones con el Congreso de Estados Unidos, con la Organización de Estados Americanos, donde fuimos aceptados como miembros de la sociedad civil. Es una cosa muy importante porque, con esas credenciales, podemos hacer más incidencia y espero que eso ayude algún día a cambiar ese régimen tan cruel.
No puedo expresar cuantas horas se pasan en reuniones, abogando y trayendo a Nicaragua al frente, a la mente de las personas aquí en los Estados Unidos. Eso lo quiero destacar porque es el esfuerzo mío y de tantas otras personas. Lo que pasa es que yo estoy en Washington, entonces, hago muchas de esas cosas en persona y se gasta mucha energía también emocionalmente y psicológicamente.
Después de todos estos años y todo este esfuerzo se está hablando de Nicaragua. El tema de Nicaragua está aquí en la agenda de EE. UU., y eso no era así hace dos años. Que los actores con los que estoy hablando nos presten atención y hagan preguntas, eso es importante porque quieren saber detalles de lo que está pasando, qué es cierto y que no es cierto.
Creo que la dictadura no es para siempre, nada es para siempre. Y creo que todos estos esfuerzos que se están haciendo llegarán a algo. No solo lo siento, sino que veo ciertas movidas, ciertas reuniones, donde nada se dice en concreto, pero uno sabe sumar y sabe que dos y dos son cuatro. Hay movimiento no solamente de los Estados Unidos, también de otros países que nos quieren y que creen firmemente en la democracia.
En Estados Unidos la gente está muy al tanto de lo que está pasando en Nicaragua, aún así han habido años que ni siquiera se mencionaba en las noticias, pero hay movimiento y vamos a llegar a Nicaragua y voy a ir a la playa y me voy a bañar en ese mar, voy a sentir la espuma de las olas.
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Confidencial es un diario digital nicaragüense, de formato multimedia, fundado por Carlos F. Chamorro en junio de 1996. Inició como un semanario impreso y hoy es un medio de referencia regional con información, análisis, entrevistas, perfiles, reportajes e investigaciones sobre Nicaragua, informando desde el exilio por la persecución política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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