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Venezuela entre la amenaza militar de Trump y Maduro: “el pueblo se siente abandonado”

Carolina Jiménez y David Smilde: “la tragedia es que tanto Maduro como la oposición, ven a Trump como una forma de quedarse en el poder, u obtenerlo”

Fotoarte con las imágenes del presidente de EE. UU., Donald Trump (izq.), y su homólogo de Venezuela, Nicolás Maduro. Fotoarte: CONFIDENCIAL

Carlos F. Chamorro

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Los “juegos de guerra” de la Administración Trump contra la dictadura de Nicolás Maduro, han centrado la atención internacional en la estrategia militar norteamericana y su teoría de que el incremento de la presión militar, provocará un quiebre interno y un cambio de régimen con la salida de Nicolás Maduro.

El sociólogo David Smilde, profesor de la universidad de Tulane y experto en Venezuela y sus relaciones bilaterales con Estados Unidos durante tres décadas, califica esta teoría de “demasiado simplista”. Argumenta que en la cúpula del madurismo “todavía hay una ideología, y un sentido de autopreservación, entre quienes tienen sus manos en economías ilícitas, temen la justicia, y piensan que su única seguridad está con el chavismo”, y “Maduro hace todo lo posible para convencerlos que va a haber una cacería de brujas, y mantiene la unidad de las Fuerzas Armadas”.

Por su parte, la venezolana Carolina Jiménez, defensora de Derechos humanos, presidenta de Washington Office for Latin America (WOLA), considera que el “dilema trágico de Venezuela, es estar atrapado como país en una estrategia de ambos lados —el régimen de Nicolás Maduro y la oposición que lidera María Corina Machado— que ven a la Administración Trump como la forma de quedarse en el poder u obtener el poder”.

En una conversación en el programa Esta Semana, que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, Smilde y Jiménez escrutaron las “zonas grises” de la crisis de Venezuela, después del fraude electoral contra Edmundo González tras la victoria opositora del 28 de julio de 2024, y describen a un pueblo venezolano “desesperado y abandonado”, en medio de una grave crisis humanitaria.

Hasta este momento se han ejecutado 17 ataques en aguas internacionales contra lanchas, presuntamente de narcotraficante, y han provocado 66 muertos no identificados. ¿Estas acciones son lucha antinarcotráfico, actos de guerra, o ejecuciones extrajudiciales?

Carolina Jiménez: Lamentablemente, la cifra aumentó porque esta mañana (7 de noviembre de 2025) nos levantamos con la noticia de un nuevo ataque en aguas del mar Caribe, en aguas internacionales, y sube a 70. Estamos en esta penosa tarea de tener que agregar muertos a las listas.

Cuando un Estado se toma la ilegalidad, con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, de bombardear lanchas que aparentemente no están presentando ningún tipo de resistencia o de peligro para quienes realizan estos bombardeos, no vemos ningún tipo de intento de captura o de intercepción, sino que se pasa inmediatamente al uso letal de la fuerza, se violan todos los protocolos mínimos del uso de la fuerza. Se pasa del uso moderado legal, proporcional, al uso letal, y bajo el derecho internacional estamos claramente en presencia de ejecuciones extrajudiciales. Así lo dijimos desde el día uno en WOLA, lo han dicho ya diferentes organizaciones internacionales y lo dijo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Hay un consenso dentro de la comunidad de derechos humanos e internacional de que estamos en presencia de graves violaciones al derecho internacional de los derechos humanos.

Estados Unidos ha desplegado una decena de barcos, incluido un submarino, miles de soldados en torno al mar Caribe de Venezuela, a los que en los próximos días se podría sumar el portaviones Gerald Ford, el mayor y el más moderno de la flota de Estados Unidos. ¿Cuál es el objetivo de este despliegue militar? ¿Se justifica como parte de la lucha antinarcóticos, o tiene otro objetivo político?

David Smilde: Esto tiene motivaciones múltiples, por un lado, la justificación manifiesta es la lucha contra el narcotráfico. Pero la verdad tiene poco sentido, primero Venezuela no es una de las principales fuentes de droga de cocaína para Estados Unidos, mucha de la droga que pasa por Venezuela va a Europa, solo un 10 o 15% de la cocaína pasa a través de Venezuela y la mayoría pasa por el Pacífico.

Lo que realmente está azotando a las ciudades de Estados Unidos, y hay un problema de droga, es el fentanilo y no viene de Venezuela, eso viene de México, de componentes que traen de China. Entonces, el tema de narcotráfico no tiene mucho sentido.

Por otro lado, Marco Rubio, el secretario de Estado y también asesor de Seguridad Nacional, tiene como meta, desde hace mucho tiempo, el cambio de régimen en Venezuela. Entonces, hay esa motivación especialmente para él y otros actores políticos en el sur de la Florida. Lo que ha hecho Marco Rubio es reempaquetar una operación de cambio de régimen, como una guerra contra el narcotráfico usando el lenguaje de antiterrorismo para Trump, y claro, Trump hizo campaña sobre esto, dijo que iba a bombardear a los carteles, para su base así sale bien, y con Trump casi todo siempre es teatro.

Estados Unidos ha dicho que está preparando ataques terrestres en Venezuela, bajo el discurso de que van a destruir el flujo del narcotráfico, y no descartan ataques a bases militares que Estados Unidos también considera que son parte de los cárteles de la droga. ¿Qué consecuencias podrían provocar ataques terrestres en territorio venezolano?

Carolina Jiménez: Primero, habría que ver las consecuencias que tendría en el propio Estados Unidos, que sería una grave violación de sus leyes internas, porque es algo que, en principio, (debería) tener una aprobación del Congreso y estos ataques se han estado llevando sin aprobación del Congreso. Entonces veríamos en Estados Unidos una tremenda sobre extensión del Poder Ejecutivo. Y en Venezuela, estaríamos en un territorio totalmente desconocido. En general, en América Latina no vemos este tipo de ataques desde hace décadas y creo que sería gravísimo que en cualquier país de América Latina se repitiera nuevamente una experiencia en la que Estados Unidos se atreviera a violar la soberanía de un país y realizar ataques en que van a haber víctimas civiles.

Es reconocible la necesidad que tienen las y los venezolanos de transitar hacia la democracia, el 28 de julio de 2024 fue la prueba más clara de ello. Edmundo González Urrutia ganó las elecciones de manera abrumadora, pero las ganó pacíficamente, a través del voto. Lamentablemente, esa voluntad fue totalmente irrespetada y la intención que tuvieron los venezolanos de hacerla respetar fue reprimida. Pero eso no se traduce en que los venezolanos quieran bombas sobre su territorio e insisto, una de las más graves preocupaciones sería el daño sobre el territorio, las posibles muertes de civiles inocentes y hay que reconocer que Venezuela tiene diferentes grupos violentos, están los famosos colectivos armados, que son grupos paramilitares, tiene unas Fuerzas Armadas complejas, cooptadas por el poder del madurismo, no sabemos cómo podrían responder ante esto. Entonces cuando juegas con pólvora, esa pólvora puede explotar y estamos ante un terreno desconocido y muy peligroso.

El objetivo cada vez menos encubierto de esta estrategia de presión y ataques militares, sin incluir una invasión terrestre, apunta a debilitar al régimen de Maduro, a provocar divisiones internas o una fractura que saque a Maduro del poder. Pero tomando en cuenta la naturaleza de este régimen, en que hay una colusión de intereses en la cúpula, de grupos cívicos, militares, y económicos, algunos analistas cuestionan la efectividad de esta premisa de la estrategia norteamericana. ¿Es realista esa tesis, la presión militar puede sacar a Maduro del poder?

David Smilde: Yo soy uno de esos analistas que cuestiona esa estrategia. La oposición venezolana ha tenido el mensaje desde hace muchísimo tiempo de que el régimen es débil. En las elecciones hubo una abrumadora mayoría, que votó en contra del régimen, entonces debe tener mucho descontento. Pero es importante darse cuenta de que después de esa elección del 28 de julio, de esa bofetada, hasta a mí me sorprendí que no hubo realmente deserciones, muy pocas, en 2017 hubo más gente que se apartaron del régimen

Es difícil de apreciar que ellos todavía tienen una ideología de que son revolucionarios, que están en una lucha antiimperialista, hay una unidad (entre ellos) que muchos no aprecian y hay un sentido de autopreservación, (entre quienes) aún tienen sus manos en economías ilícitas, temen la justicia, piensan que su única seguridad está con el chavismo, y el gobierno de Maduro hace todo lo posible para convencer a la gente que va a haber una cacería de brujas.

La teoría principal que están utilizando para esta intervención es la idea de que Maduro es la cabeza de un cártel de la droga, el Cartel de los Soles se refiere a los militares. Entonces, ¿qué interés van a tener los generales de la Fuerzas Armadas cuando ya están pintados como narcotraficantes? Parece casi como un plan de Maduro para garantizar la unidad de la Fuerza Armada detrás de él, me parece súper simplista pensar que este tipo de presión va a causar un quiebre. Otra cosa sería atacar a Maduro, o hacer la famosa extracción de Maduro y de gente alrededor, eso también me parece simplista, porque no garantiza que haya una transición, sino que puede haber un reacomodo dentro del chavismo, que puede ser peor que lo que hay ahora. Entonces hay una sociología del poder muy simplista detrás esa teoría de que este tipo de presión va a quebrar el régimen.

¿Dónde se ubica la oposición venezolana que lidera María Corina  Machado en este momento? ¿es parte de esa estrategia de Estados Unidos, de la presión militar para lograr el cambio de régimen o tiene alguna autonomía?

Carolina Jiménez: María Corina Machado ha sido pública de que apoya esa estrategia de Estados Unidos desde el día uno, ella de diversas maneras ha expresado ese apoyo, no así el presidente electo Edmundo González, que mantiene unas relaciones mucho más enfocadas en Europa, un tono más moderado, y es como una un liderazgo más central. En estos días vimos al presidente electo reunido con el chavismo disidente, algunos miembros de ese grupo fueron incluso ministros de Hugo Chávez, mostrando que su proyecto político está abierto a quienes en el pasado apoyaron a Hugo Chávez, y creo que hay un buen mensaje de que de una eventual transición no generaría una cacería de brujas contra quienes apoyaron al chavismo, entonces hay dos mensajes que envía ese liderazgo.

Pero, efectivamente, la cara internacionalmente más reconocida y quien además aglutinó la campaña del 2024 es María Corina Machado, al punto que recibió el Nobel de la Paz, y ha sido muy clara en su apoyo a la estrategia de Estados Unidos.

El New York Times reportó que Nicolás Maduro estaba enviándole muy mensajes muy claros a Donald Trump e informándole que él estaba dispuesto a entregar todas esas concesiones que le había hecho del petróleo y de la explotación de minerales a los rusos y a los chinos, a compañías americanas. La gran tragedia de Venezuela es que pareciera que tanto el gobierno de facto como la oposición están intentando por todos los medios mantener la atención y el compromiso de la Administración Trump con su causa. Maduro reconoce y le promete a Trump que, si lo deja gobernar en paz con su represión y con su ilegitimidad, le daría estas concesiones a la explotación de minerales o del petróleo a las compañías americanas. Y por su lado, Machado reconoce que sin ese apoyo y esa amenaza creíble y esos ataques militares, no podría generar ningún tipo de quiebre en la coalición dominante. Es un dilema trágico, estar atrapado como país en una estrategia de ambos lados que ven a la administración Trump como la forma de quedarse en el poder u obtener el poder.

¿La Administración Trump tiene un plazo político para incidir en la crisis de Venezuela?, ¿puede mantenerla en vilo indefinidamente o está obligada a poner en práctica su tesis y actuar en las próximas semanas, o en los próximos meses?

David Smilde: La Administración Trump con esta operación está sufriendo cierto desgaste, en las últimas semanas salieron encuestas que muestran que la mayoría de la población no apoya algún tipo de ataque a Venezuela. También hubo elecciones (en Nueva York, Virginia y Nueva Jersey) que, no tienen relevancia para este tema, pero sí son un barómetro del apoyo de Trump, los candidatos que apoyó Trump perdieron por mucho, fue una bofetada bastante significativa. Trump tiene una gran capacidad de decir que buenas encuestas son noticias falsas, pero un resultado electoral es más difícil de asimilar. Eso coincide con reportes que hemos visto en los últimos días de que Trump tiene dudas sobre esta iniciativa de lanzar alguna operación militar en Venezuela, y también la noticia de que el portaaviones Gerald Ford salió del Mediterráneo, pero ahora tiene dos días en posición fija por la costa de Marruecos.

Todo eso coincide en que hay un desgaste en esta operación, y que Trump la está pensando dos veces, pero también hay que recordar que Trump es un especialista en mantener a todo el mundo fuera de balance, hemos tenido ciclos como de tres o cuatro días, en que cambia, no va a pasar, ¿es inminente un ataque?, ¿se está echando para atrás? es el método de Trump. Yo sí creo que mientras más sabe la ciudadanía de Estados Unidos sobre esta operación, menos apoyo tiene. Y el diluvio de artículos de opinión, de reportes de análisis sobre esto ha sido sumamente negativo en las últimas tres semanas. Entonces, sí está un poco limitado, mientras más tiempo pasa, menos probable es que van a hacer algún tipo de ataque militar.

Dónde se ubica América Latina en esta crisis y ante la política exterior de Estados Unidos, de utilizar la fuerza en este momento en aguas internacionales y eventualmente en territorio venezolano? ¿Es un espectador pasivo, o esto se explica por las divisiones que existen en América Latina hoy?

Carolina Jiménez: En general, e históricamente frente a la intervención de Estados Unidos en los asuntos latinoamericanos hay un rechazo conjunto, pero en este momento hemos visto muchos silencios. Por una parte, la administración Trump ha probado que te cobra las cuentas, y que está totalmente dispuesta a pasar factura, la política arancelaria ha sido una de las maneras que tiene para ejercer coerción sobre la región. Eso ha tenido un efecto en la manera en que los Estados se pronuncian o no sobre las políticas de Estados Unidos. Lo segundo es que Trump eligió bastante bien a su enemigo esta vez, Maduro es profundamente impopular en América Latina, si uno ve quién se atreve a apoyarlo y a denunciar a través de las redes sociales es Gustavo Petro; Lula también ha dicho que estos ataques militares en el Mar Caribe, en el Pacífico Oriental son ilegales, de una manera bastante moderada. El gobierno de Maduro ha estado muy aislado diplomáticamente y son muy pocos los países que reconocieron su victoria en 2024, porque todo el mundo sabe que efectivamente fue un fraude electoral a viva voz.

Eso no quiere decir que estos países no sepan que Estados Unidos está cometiendo ilegalidades, pero cuesta mucho salir a apoyar al gobierno venezolano y es mucho más difícil hacer un acompañamiento al pueblo venezolano sin pasar por Nicolás Maduro.

María Corina Machado ha dicho reiteradamente que si esta política tiene éxito y Maduro sale del poder, después viene Cuba y Nicaragua. ¿Estos juegos de guerra en Venezuela son un laboratorio para las políticas de Estados Unidos hacia las dictaduras de Cuba y Nicaragua?

David Smilde: Sin duda alguna, esa es la motivación de Marco Rubio, de que Cuba sobrevivió en los últimos 20 años por el apoyo de Venezuela y si no hubiera caído, y que si regresa la democracia en Venezuela, vendrá en Cuba y Nicaragua. Igualmente, me parece que es muy simplista, Cuba tiene muchísimo tiempo allí, no se debe subestimar la habilidad de la élite que tiene acceso privilegiado a recursos económicos, recursos militares, y a sujetar una población.

¿Cómo exactamente pasaría que, si Venezuela cae, Cuba va a caer? El apoyo de Venezuela a Cuba hoy en día es muy poco y los gobernantes de Cuba se han mostrado indiferentes a lo que está pasando su población, no veo que va a haber una revuelta popular, o que van a perder el apoyo de las Fuerzas Armadas. Entonces, ¿cómo exactamente esto incide? La gente usa metáforas de que va a ser como un dominó, pero Cuba tiene allí como 60 años, siempre se piensa que está a punto de caer, y ha resistido y Nicaragua está en la misma situación. Tú sabes mucho más que yo sobre esto, pero ahí también tenemos un gobierno autoritario que sin pudor está dispuesto a hacer lo que sea para quedar en el poder. Y hace falta otro tipo de mecanismo, para hacerlo. La intervención militar directa se puede hacer, tú puedes quitar un régimen, pero lo que viene después hay siempre grandes dudas, ese el problema, no veo como esto cambiaría el escenario con estos otros países.

Volviendo a Venezuela, si la intervención militar directa no está en la agenda de Trump y la presión militar no pareciera que va a producir ese cambio de régimen que proyecta Estados Unidos, ¿dónde queda la gran mayoría de la población venezolana que votó en contra de Maduro, que votó por Edmundo González y que les robaron la elección? ¿Son espectadores o tienen algún papel en esta crisis?

Carolina Jiménez: Es la pregunta que todos tenemos. Después del 28 de julio de 2024, una de las principales estrategias del madurismo ha sido el aumento sostenido de la represión, no puede subestimarse una represión muy ejemplarizante, y el sistema de vigilancia. En este momento acaban de reavivar una aplicación, para que las personas puedan informar que están haciendo sus vecinos, sus amigos, que puedan ser peligrosas para la patria. Bueno, eso ustedes en Nicaragua lo conocen muy bien, también se conoce muy bien en Cuba. Eso aprieta muchísimo, rompe mucho el tejido social, pero limita aún más la censura en el país. Nunca una mujer había ganado el Premio Nobel de la Paz, usted puede tener muchas diferencias con María Corina Machado, pero no puedes negar que eso era una noticia nacional, y los únicos tres locutores de radio que dieron la noticia hoy en día “están de vacaciones”.

Esa sociedad que votó (contra Maduro), no ha dejado de pedir un cambio pacífico de Gobierno, pero está verdaderamente deprimida a través de la censura, de la represión, y también de una vigilancia mucho más acelerada. No creo que eso que se expresó el 28 de julio del 2024 este muerto, creo que habrá otras oportunidades para que ese sentimiento nacional resurja. Pero estos son momentos muy difíciles porque también Venezuela vive una emergencia humanitaria compleja, uno de cada tres venezolanos vive en situación de inseguridad alimentaria. La gran mayoría de los venezolanos tiene que pensar cómo pone el pan en la mesa y cómo envía a sus hijos a la escuela, cuando la mayoría de los maestros huyeron del país o no pueden dar clases diariamente. Entonces, ese tipo de realidades afectan muchísimo la agenda política de todas las sociedades, y también determina como una sociedad puede o no luchar contra los autoritarismos.

Si la presión militar no va a conducir necesariamente a un cambio, Trump no tiene planes de una invasión militar, y el pueblo venezolano está aplastado, pareciera que esta crisis en Venezuela tiende a prolongarse en el tiempo.

David Smilde: La población de Venezuela está en una situación sumamente lamentable y triste, porque la gente está desesperada. La gente votó con el corazón en las manos, fueron a elecciones en una situación injusta, sin embargo, ganaron en grande y el chavismo no lo aceptó. Durante un mes hubo algunos comentarios de los presidentes de Colombia y Brasil y México. Pero después de eso, nada. Entonces, la población en Venezuela se siente abandonada. Lo que está pasando ahora es una buena lección, que si el progresismo que se pensaba que podría incidir no hizo nada, si el mundo se olvida de una población que está en esta situación de desesperanza, eso da espacio para que venga Trump. Yo conozco mucha gente no son gente militarista, hasta gente que han apoyado a el chavismo hasta hace poco, que está pendiente de una invasión militar, porque están desesperados. Entonces, en esta situación sienten que al único a quien que le importan es a Trump.

Es claro que habrá momentos en el futuro, tienen que organizarse para elecciones, para hacer política, pero para hacer eso tiene que haber un esfuerzo internacional multilateral de nuevo sobre Venezuela, de la región, de la Unión Europea y no solo de Estados Unidos. Hay que regresar a eso para tratar de buscarle alguna solución para el pueblo venezolano que está desesperado.

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Carlos F. Chamorro

Carlos F. Chamorro

Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Fundador y director de Confidencial y Esta Semana. Miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha sido Knight Fellow en la Universidad de Stanford (1997-1998) y profesor visitante en la Maestría de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California (1998-1999). En mayo 2009, obtuvo el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, de Casa América Cataluña (España). En octubre de 2010 recibió el Premio Maria Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2021 obtuvo el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística.

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