Logo de Confidencial Digital

PUBLICIDAD 4D

PUBLICIDAD 5D

Bad Bunny tiene una agenda política para Puerto Rico

Bad Bunny ha convertido su enorme influencia cultural en una plataforma para impulsar una visión política sobre el futuro de Puerto Rico

Bad Bunny

Vista del popular artista puertorriqueño Bad Bunny en un concierto. | Foto: EFE/Enid M. Salgado Mercado/Archivo

Héctor Ríos Maury

AA
Share

Bad Bunny (Benito Martínez Ocasio) acaba de superar los mil millones de dólares en ingresos acumulados por giras. Su éxito es, principalmente, el resultado de una muy bien estructurada estrategia que, más allá del legítimo debate sobre su verdadera calidad artística y sobre sus contenidos (para muchos muy vulgares y simplones), lo promueve como un ícono de resistencia y de afirmación cultural latina. Y esto lo acaba de confirmar en una de las plazas artísticas más importantes del mundo, España, país en el cual residen millones de latinoamericanos y en donde en su gira, culminada el pasado 16 de junio, logró movilizar a alrededor de 750 mil personas.

El señor Martínez Ocasio es internacionalmente conocido por sus reiteraciones del orgullo latino y sus cuestionamientos de las políticas migratorias del presidente Donald Trump. Sin embargo, no es muy conocido por el perfil político de algunos de los ejecutivos que lo crearon y lo manejan, ni por su agenda política en su país natal, Puerto Rico, que es desde 1898 un Territorio Colonial de Estados Unidos.

¿Un artista antisistema?

Desde sus orígenes en 2016 la carrera de Bad Bunny tiene estrechos vínculos con el capitán retirado y ex Viceministro de Seguridad Jurídica de Hugo Chávez (2007-2013), Rafael Jiménez Dam, hoy un empresario radicado en Estados Unidos, quien hasta 2023 fue socio mayoritario de Rimas Entertainment, empresa que produce a Bad Bunny, y en la que sigue siendo un accionista importante.

Es importante puntualizar que el gobierno de Hugo Chávez mantuvo siempre una postura de apoyo a la independencia de Puerto Rico dentro del Comité Especial de Descolonización de la ONU (Comité de los 24), y fue coauspiciador junto al gobierno cubano de resoluciones anuales al respecto. También que el Derecho Internacional (Resolución 1541 (XV), de la ONU de 1960), establece que la Independencia, la Libre Asociación y la Integración a un estado son formas legítimas de todas ellas de estructurar un territorio.

Martínez Ocasio se presenta como un artista antisistema, frecuentemente con letras procaces sobre temas cotidianos. Y en Puerto Rico, se ha expuesto como un nacionalista defensor de la cultura puertorriqueña debido a que la cultura e identidad portorriqueña estaría en riesgo de ser asimilada por la metrópolis “explotadora y asimilista” según él. Desde 1898 Puerto Rico es un territorio no incorporado de Estados Unidos y en 1952 fue denominado Estado Libre Asociado, (ELA), categoría que se diferencia de los territorios incorporados, como lo es Hawái, en donde desde su anexión, también en 1898, hubo un entendimiento entre territorio y metrópolis a los efectos de solicitar los derechos plenos de la estadidad (integración como un estado de la Unión).

El fracaso electoral de Bad Bunny

Durante la pasada campaña electoral puertorriqueña de 2024, Bad Bunny respaldó abiertamente al candidato del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Juan Dalmau, quien también durante su carrera política ha participado en Caracas en actividades del gobierno venezolano en tiempos de Chávez y Maduro. Dalmau llegó segundo en las elecciones del 6 de noviembre con un 31% de los votos. Fue derrotado por Jenniffer González Colón, del Partido Nuevo Progresista (PNP), que aboga por la estadidad y obtuvo el 41% de los votos. Colón es miembro del Partido Republicano de Estados Unidos. El PNP tiene en su seno a republicanos y demócratas.

El movimiento estadista difiere del independentismo y considera que no hay una amenaza cultural. Este considera que el mayor problema colonial es una situación de inferioridad jurídica y ciudadana en comparación con los derechos y oportunidades garantizados a los ciudadanos residentes de los 50 estados, a los que han emigrado unos 6 millones de puertorriqueños. Esta movilidad migratoria permite a estos portorriqueños adquirir derechos que no tienen al vivir en Puerto Rico, como votar por en las elecciones presidenciales y al Coongreso, y obtener mayores beneficios en programas de servicios gubernamentales.

El mismo día de las elecciones se celebró un nuevo plebiscito de estatus, en el cual ganó por tercera ocasión consecutiva la opción por la Estadidad con un 58 % de los votos frente a 12% de la Independencia y 30% de la Libre Asociación. El resultado no ha sido diligenciado ante el Congreso porque Donald Trump, otro ultranacionalista, pero conservador, se opone a la estadidad al creer que las culturas de Estados Unidos y Puerto Rico no son compatibles.

El polémico caso de Hawái

En 2025 Bad Bunny lanzó al mercado su sexto álbum: “Debí tirar más fotos”. Allí sobresale la canción “Lo que le pasó a Hawái”, una crítica a la anexión de Hawái, basada en argumentos de gentrificación y asimilación cultural, donde se compara con lo que, según él, está ocurriendo en Puerto Rico.

El caso de Hawái es controvertido. En 1959, con un amplio respaldo electoral de sus ciudadanos, se convirtió en el estado número 50, y actualmente, en términos económicos, Hawái duplica en ingreso, productividad y riqueza a Puerto Rico. Se trata de un estado cuya economía gira ampliamente en torno al turismo y la actividad militar.

Hawái declaró el hawaiano su idioma oficial en 1978 y según los datos oficiales de su Oficina del Censo (2020) hay en la actualidad más residentes que se consideran así mismos hawaianos que los que había en 1959.

Cambios geopolíticos recientes

La extracción y captura de Nicolás Maduro, y las estrategias y discursos del gobierno Trump sobre el narcotráfico, han reactivado la base naval estadounidense Roosevelt Roads en Ceiba al noreste, y han consolidado bases como Fort Buchanan en San Juan y partes de Ramey Field, en Aguadilla, al oeste. La presencia militar de Estados Unidos en Puerto Rico es permanente y sus recientes ampliaciones parecen irreversibles. De hecho, según encuestas y sondeos de medios puertorriqueños, esta cuenta con el apoyo mayoritario de la población.

Esto, unido al minoritario respaldo electoral del separatismo debilita, como mínimo a corto plazo, la idea de cualquier proyecto de independencia, a pesar de la promoción de un artista triunfador como Bad Bunny. Puerto Rico mantendrá por largo tiempo su actual modelo territorial/colonial de inferioridad política y ciudadana (ELA), porque la estadidad parece también una aspiración imposible, al menos en tiempos de Donald Trump.

*Este artículo se publicó originalmente en Latinoamérica 21.

PUBLICIDAD 3M


Tu aporte es anónimo y seguro.

Apóyanos para que podamos seguir haciendo periodismo independiente en el exilio. Tu contribución económica garantiza que todas las personas tengan acceso gratuito a nuestras publicaciones.



Héctor Ríos Maury

Héctor Ríos Maury

Catedrático en Administración y Comercio Internacional de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de Puerto Rico (campus Río Piedras). Ha sido director académico, decano y rector de dicha universidad.

PUBLICIDAD 3D