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Gabriel Cardenal, jefe de la Insurrección de San Judas en 1979

*La misión de los barrios occidentales de Managua era atacar, hostigar y replegarse

Fotografía de Gabriel Cardenal (Payo).

Mónica Baltodano

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Los integrantes de los Estados Mayores sabíamos que el escenario central de la insurrección de junio de 1979 en Managua sería en los barrios orientales y conforme los planes nacionales iniciaría cuando los demás frentes de combate estuviesen en condiciones de avanzar hacia la capital. Entonces se orientó al mando de las tres tendencias en los barrios occidentales, integrado por Arnoldo Real Espinoza (Tercerista), Gabriel Cardenal (Proletario) y Eduardo Cuadra Ferrey (GPP), limitarse a acciones de hostigamiento. Arnoldo dirigiría la parte más noroccidental: Acahualinca, Linda Vista, Santa Ana; Eduardo: Monseñor Lezcano, Altagracia, Colonia Morazán y alrededores, y Gabriel: San Judas, Loma Linda y alrededores.

Barrio San Judas

En 1979, la mayoría de la población de San Judas era pobre, las calles no estaban asfaltadas ni había pista suburbana. Así, todos los eventos de la insurrección ocurrieron en calles de tierra, casas humildes y patios divididos con cercos de piñuelas. Por varios años, las Comunidades Eclesiales de Base y los Comités de Acción Juvenil, iniciados por el padre Antonio Mattiazzo, (1) habían realizado labores de concientización, con la participación de mujeres como doña Edda López. Gabriel hizo aquí trabajo comunitario en 1975, al iniciarse en el Movimiento Cristiano.

En 1977, Luis Gaitán Rodríguez (Esteban), Harry Chávez (Elio o La Pulga), Danilo Norori, William Díaz Romero —dirigente de los CAP en barrios occidentales—, Eva María Samqui y otros de la tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP), crearon redes de colaboradores, casas de seguridad, células, Comités de Acción Popular y trabajo estudiantil en colegios e institutos a través de la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES). Además del amplio trabajo de organización comunitaria, en San Judas surgieron Comandos Revolucionarios Cristianos, que también entraron a la runga.

En la Insurrección, la Tendencia Proletaria era la más fuerte en el sector. Además de redes, venían organizando Brigadas y Comandos militares, pero tenían pocas armas, igual que la GPP. El año anterior, los Terceristas, mediante Walter Ferretti (Chombo), habían organizado la Unidad Táctica de Combate (UTC), Juan José Quezada, dirigida por Sergio Guevara. Ya en unidad, las estructuras políticas se concentraron en preparar al pueblo para la insurrección a través del Movimiento Pueblo Unido y los Comités de Defensa Civil.

La misión de los barrios occidentales: atacar, hostigar y replegarse

La noche del 31 de mayo, después de una acción de propaganda armada de los Proles, la GN emboscó a la UTC Juan José Quezada, movilizada en dos camionetas para atacar fuerzas acantonadas en el centro Comercial Zumen. Murieron Sergio Guevara (Ernesto), el jefe, Norman de Trinidad y Mario Montenegro y varios resultaron heridos. Con Sergio, eran dos los hijos del gran Onofre Guevara —dirigente obrero socialista, periodista y escritor—, caídos en la lucha. El otro, Denis, cayó en septiembre de 1978 con Rolando Acevedo, El matagalpino, al atacar la Sexta Sección de Policía (Sierra 6), parte de acciones terceristas. Los días siguientes, las unidades populares (CAP, Milicias y Brigadas), continuaron sus acciones, y el llamado al Paro Nacional y la insurrección para el 4 de junio, aceleró los ánimos ya encendidos.

Mandos de la insurrección en San Judas

Los principales jefes eran: Gabriel Cardenal, erigido jefe principal en este territorio; Eduardo Cuadra Ferrey, Víctor Romero (Bayardo), Boanerges Salvador Munguía (Antonio), Adrián Meza Soza (Amílcar), jefe de Brigadas; Cristóbal Guevara Casaya (Gersán), 2º jefe GPP; Mauricio del Carmen Kiel (Chepe) y Julio, jefe tercerista.

En las estructuras políticas destacaron: René Cisneros Vanegas, María Ivette Fonseca y Mercedes Vijil, y entre otros combatientes: Jenny Soto Vásquez, Yuri Valle, César Largaespada, Víctor, Mario y Carlos Cienfuegos Aburto, Beatriz Narváez, Alonso Flores, Danilo Serrano, Douglas Mejía Obando, Angelita Largaespada, Luis Felipe Rayo, Mauricio y Jorge Ramírez, Julio Flores, William Díaz Romero, Manuel Navarrete (Justo), Mario Latino, Miguel Ángel Navarrete (Pedro), José de Jesús Zamora (Chepechú), Cairo Téllez, Julio Ruiz y decenas de combatientes populares.

Estalla la insurrección

El 7 de junio, fuerzas combinadas de las tendencias del FSLN detuvieron el tráfico, quemaron vehículos, y comenzaron los enfrentamientos con la GN. Una de esas acciones fue en Los Cocos, contra dos patrullas y un microbús que trasladaban fuerzas del régimen. En el repliegue cayó el jefe de la columna, Alejandro Martínez (Samuel). Fueron capturados y desaparecidos: Vidal y Ernesto Palacios, Luis Alberto Vivas, Carlos Mendoza, Alex Montenegro y Marcelino Latino, según testifica un monumento en San Judas. Según uno de los participantes: ese día la Guardia hizo dos masacres: una, por la Siloé, donde mataron a los hermanos Francisco y Salvador Munguía Lorente, capturaron a combatientes históricos y a gente de los Comandos Socialistas Cristianos, al mando de un aguerrido de apellido Mendoza conocido como Chicato, a quien la guardia mataría después.

También fueron asesinados: Barney Montenegro, José Alberto Urbina Mendoza, Germán José Castro, José Alberto Cordero Martínez, Rodolfo Rodríguez Alvarado, José Francisco García Padilla, Tomás Antonio Padilla Lechado, Héctor Román López, Eleuterio Pastor Vanegas y Roberto Antonio Cuadra.

Los combatientes tenían la orden de retirarse después de los hostigamientos, pero al verlos, la población, comenzó con picos y palas a cavar zanjas y a construir barricadas con chatarras de carros, árboles, postes de energía eléctrica, y cruzaron en las calles todo lo que impidiera la entrada de la GN. Para entonces, en el barrio ya no había orejas y, combatientes de distintas tendencias se movían armados en el vecindario a plena luz del día. Los niveles de participación popular eran tan altos que los guerrilleros entraban por los patios de una casa a otra.

Esa tarde, René Cisneros, principal líder político, intentó explicar que aún no había iniciado la insurrección y orientó que la gente regresara a sus casas. Estos no acataron, porque ¡San Judas manda! A las 4 pm llegó al territorio la primera tanqueta con guardias disparando, palas mecánicas y tractores, para quitar barricadas, pero no pasaron del Reparto Martínez, entrada a San Judas, pues no tenían dimensión de las fuerzas y temían ser aniquilados.

Fotografía de René Cisneros

Primera retirada

Con pocas armas y municiones, los guerrilleros resistieron a la GN hasta la madrugada del 8 de junio, y se retiraron al Sur, a Loma Linda y al actual barrio “Camilo Ortega”. Mauricio del Carmen y combatientes orgánicos y populares se reconcentraron en una hacienda cafetalera en las faldas de El Crucero; René Cisneros, Víctor Romero, Beatriz Narváez y otros llegaron a San Isidro de la Cruz Verde; Mercedes Vijil se refugió en la escuela de la hoy Sierra Maestra; Máximo Téllez y varios siguieron hasta Los Guillenes, en el Camino de Bolas.

El exclusivo Nejapa Country Club fue convertido en refugio para ancianos, madres con niños, heridos y afectados, atendidos por activistas de la Cruz Roja. Entre ellos se camuflaron varios encargados de estructuras políticas. El padre dominico Rafael Aragón Marina, que laboraba con Comunidades Eclesiales de Base, llevó medicinas y ayudas.

Gabriel se reunió con los principales jefes y combatientes en distintos lugares, reorganizó las columnas, con un núcleo de combatientes orgánicos y guerrilleros populares con armas de cacería y bombas de contacto, y redistribuyó armas sin distinguir tendencias. Los inconformes acataron sus órdenes. El día 8, la Guardia no se adentró en San Judas como todos esperaban. Algunos testimonios consideran que durante varios días enviaron agentes a infiltrarse entre los pobladores para valorar las fuerzas guerrilleras, y avanzaron tres días después, que fueron una eternidad para todos. Una avioneta con altoparlantes advirtió que harían una Operación Limpieza y castigarían a quienes apoyaran a los Yeicos. Para entonces, ya había comenzado la insurrección en los barrios orientales.

Nueva ofensiva

Después de varios días, repuestos y reordenados, los combatientes se acercaron a San Judas en ocho columnas. La GN, desde sus posiciones en el Centro Cívico y el sector del Zumen, se acercaba atacando sin discriminación, y al anochecer volvían a sus posiciones. En el primer repliegue, la GN ocupó ventajosas posiciones con francotiradores y lanzaban morteros desde el actual Hospital “Berta Calderón”. Nadie llevaba bitácora ni hay registro preciso de combatientes caídos, y los recuerdos se entrecruzan. Sí se enfatiza que insurgentes de estructuras organizadas combatían, golpeaban, se replegaban al Sur, y regresaban.

La dinámica en las insurrecciones populares está marcada por la ventaja que los sublevados están actuando en su terreno y respaldados por sus familias, se esconden dentro de las casas. Así, los combatientes entraban y salían de los barrios. Una noche, soldados del Batallón Blindado entraron con una tanqueta y palas mecánicas para limpiar obstáculos y posesionarse del barrio. Al llegar a un árbol de guanacaste, entre San Judas y Loma Linda, Gabriel ordenó a Víctor Romero (Bayardo), que la inmovilizara a como fuera, pues su ametralladora 50 hacía estragos donde impactaba. Bayardo la detuvo con un RPG-2.

En la reorganización, Gabriel creó una Unidad Móvil llamada Liebre, que operaba en distintas direcciones dirigida por Mauricio del Carmen Kiel (Chepe Thompson), también llamado Chepe Liebre. Ellos reivindican que la primera Unidad Móvil fue organizada en San Judas. Gabriel orientaba, decidía y también combatía. Chepe Thompson lo recuerda combatiendo con los demás insurrectos en la calle que desemboca en Raspados Loli.

Al pasar los días, la GN llegó hasta la parada de buses de El Ceibo. Los insurrectos mantuvieron el control hacia el sur, incluidos Santa Fe, Loma Linda, Sierra Maestra y Pochocuape; y al este, hasta la entrada del Kilocho (Kilómetro 8 de la carretera Sur), más el flanco hasta el Country Club. Los guerrilleros solo tenían algunos fusiles de guerra, mientras la GN disparaba artillería proveniente de Argentina y con ametralladoras 30 y 50 montadas en camiones. El 13 se completaron ocho días en esta dinámica, pero la GN no se atrevió a entrar a controlar el barrio.

La masacre del Kilocho

El levantamiento de este sector capitalino tenía como límite la carretera Sur, vía esencial para la movilización de la GN de Managua al Sur del país. Varios afirman que se ordenó no chocar allí, para no atraer a la EBBI. Por nuestra experiencia, ésa era una orden correcta, porque las fuerzas de San Judas no tenían condiciones de posesionarse de esa estratégica vía. Cristóbal Guevara (Gersán), jefe de la que él llama Columna No. 8, dirigió esa operación.

Parte de esa Columna era de Comandos Cristianos, dirigidos por Salvador Manuel Calderón.

A las 7 am del 14 de junio, 40 combatientes con tres armas de guerra y el resto de cacería, bloquearon con piedras y palos el empalme del Kilocho y requisaron todo vehículo que pasaba. A las 8 am, 300 soldados del Batallón Blindado llegaron al kilómetro 7 y con apoyo de una tanqueta y un helicóptero, ambos con ametralladoras, hicieron una maniobra envolvente. Una parte de combatientes cayó en la carretera; otros, se refugiaron en la iglesia San Patricio y en el Night Club Tropicana. De allí los sacaron y arrodillados los ejecutaron. Las palas mecánicas subieron los cadáveres a camiones y los fueron a botar en el guindo de La Cuesta de la Gallina, carretera a San Rafael del Sur. Solo se hallaron restos comidos por los zopilotes.

Hay listas que calculan en 35 los masacrados, pero solo mencionaré los confirmados: Salvador Manuel Calderón (Pequeño), líder de los Comandos Cristianos; Aura Lila Mendoza Ramírez, jefa de los CAP; César Cubillo (Pepe), Rolando Apolinar Delgadillo Escobar (Polín), Domingo y Leonel, del Open Tres; Eduardo Flores, Eduardo Mojica, Ernesto Martínez, Francisco Blanco, Francisco Martínez (Pancho), Freddy Mejía Zapata (Chiripa), Henry Guerrero (Galleta) y Jorge Serrano.

Esta masacre afectó muchísimo la moral de pobladores y combatientes. Gabriel debió hacer una asamblea para calmar los ánimos de quienes calificaban de irresponsabilidad lo ocurrido. El principal reclamo era la falta de armas. En un momento, incluso, asaltaron almacenes para tomar machetes y otras herramientas y combatir con ellos. Al día siguiente las condiciones se complejizaron más debido a la Masacre de Batahola. (2)

Decenas de jóvenes, la mayor parte desarmados y algunos mal heridos, llegaron por distintos lugares a San Judas y Loma Linda. En estos repliegues algunos subieron las sierras y llegaron hasta Diriamba. Heridos y sobrevivientes se resguardaron en escuelas. El escaso personal de salud hizo lo que pudo para atenderlos. En este contexto se ubican los asesinatos de la Dra. Erlinda López Osorio, Róger Osorio y José Dolores Fletes, cuyos cadáveres fueron localizados después del triunfo en las Lomas de Mokorón. (3)

Combates del 16 de junio

Para enfrentar una de las avanzadas de la GN fue organizada una unidad al mando de Eduardo Cuadra en la que iba René Cisneros. Al salir en fila india de una bocacalle, la GN los bañó con fuego de ametralladora. Todos se tiraron al suelo. René, intentando lanzar una granada, cayó fulminado por un balazo en la frente. (4) En esta ofensiva fueron heridos Adrián Meza Soza y Boanerges Munguía, del Estado Mayor de San Judas. Los guerrilleros retrocedieron cuadra por cuadra.

La muerte de Cisneros golpeó a todos. En su entierro, Gabriel lloró y Jenny, su compañera, afirma que nunca ha olvidado su reflexión: —Uno no debe luchar por ver el triunfo porque es como estar esperando una recompensa. René Cisneros luchó sin esperar a ver lo que vendrá. El futuro es de los otros. Eso es lo importante.

A instancias de Víctor, el jefe militar, Gabriel ordenó la retirada a Vista Hermosa, colonia de guardias donde no había nadie, ubicada en una colina. La GN había bajado de esta posición hacia Los Martínez, y entraron por El Aserrío, al este de San Judas, amenazando envolverlos. Ese día realizaron su mayor ofensiva. Abrieron brecha con una tanqueta sobre la calle del Ceibo, la única pavimentada en San Judas. La ocupación del barrio era inminente y dramática la situación. Cuando se ordenó la retirada todos querían salir por terror a las operaciones limpieza. María Ivette Fonseca se reunió con Gabriel en la escuela de Loma Linda y éste, vestido de militar y portando una subametralladora UZI, le hizo un balance de la situación, y le pidió hacer una retirada ordenada. Entonces la GN venía por la entrada de Pochocuape.

En la embestida que entró por el Kilocho, los guerrilleros identificaron soldados del Consejo de Defensa Centroamericano. Un par de ellos, abatidos, tenían identificaciones de Honduras. También había coreanos, pequeños, vestidos de negro y con cascos distintos a los de la GN. Por primera vez encontraron cadáveres de combatientes y civiles degollados con cuchillos, sin ningún disparo, que no era el modo de accionar de la GN. Las descripciones de degollamientos y evisceraciones son terroríficas. Uno de los cadáveres identificados fue el de Miguel Fornos (Miguelito), desbaratado a cuchilladas. También fueron atacados con morteros. Fusileros de la GN lanzaban granadas israelitas con fusiles Galil. Ahí ocurrió el combate del Aserrío, ubicado del Ceibo hacia abajo, uno de los más cruentos de esos días.

Desde el country club morterean El Aserrío. Un grupo de la guardia quiere entrar por detrás del hospital —su avance es triangular— y Gabriel los enfrenta (…) con Víctor y su gente (…) los del yipón traen emplazada una 50. Empiezan a tirar y caen cables de alta tensión. El chisperío es espectacular y horroroso a la vez. Ramas de acacia, pedazos de láminas de zinc, cae un compañero con el cráneo vaciado. Nos hacen seis bajas, pero son más las que les provocamos y además les ocupamos tres armas de guerra. Hacemos recular a la guardia en el Aserrío. (…) Hay una tregua larga y tratamos de aprovecharla para avanzar. Pero tenemos paso forzado de la GN por una zona descubierta. Nos golpean al centro y al irnos replegando hieren a la Angelita (Largaespada). No la podemos sacar y se nos muere. (5)

En esos días la población había salido de sus casas buscando protección. San Judas se quedaba sin gente, nada favorable para los grupos combativos. Se dificulta el abastecimiento de comida y no hay agua ni electricidad.

Mauricio del Carmen hizo un recuento de armas antes del repliegue. El total de armas de guerra que teníamos no llegaba a 12. El M3 que ando, la UZI de Payo, el Garand de Yuri, dos FAL que andan Víctor Cienfuegos y su hermano, tres FAL y una carabina de los Terces. Dos Enfields, un M1, una escopeta 12 larga de tromblón (…) Por último, un RPG2 que no tiene más dotación que dos cohetes (…) Hemos recuperado a la GN algunos M-16.

El repliegue y la masacre de El Vapor

El repliegue fue hacia haciendas cafetaleras en las Sierras de Managua: San Blas, Miraflores, San Pancho y El Vapor. Los combatientes orgánicos eran cuarenta, ubicados en la exploración y la retaguardia. Al centro iba la mayoría. Civiles desarmados, algunos heridos. Agotados, con hambre y sed. María Ivette los calcula en 400, otros hablan de más de mil.

Tal como ocurrió en el Repliegue a Masaya, la disciplina varía conforme los grupos. Unos llegan a El Vapor y descansan. Algunos estaban semidormidos cuando fueron sorprendidos por el ataque de la GN y afirman que no habían tomado suficientes medidas para detectar sus avances. Las fuerzas de Víctor y Felipe Rayo repelieron el ataque en total desventaja. Jenny, encargada de varios heridos, subió a otra hacienda donde se encontró con Gabriel, lo abrazó con amor y se despidieron. Cuando Gabriel se desplazó a El Vapor ya la GN se había retirado.

La GN remató a todos los heridos. Hay 16 nombres de caídos en El Vapor: Humberto Salinas (Tantum), Mario Santamaría, un hermano de Mario, Noel Salinas (Montatoros), Freddy Téllez (El Mínimo), Donald Christian Flores (Mandril), Roberto Alvarado Flores, Angélica Lara, Ramiro Martínez, David Guevara Casaya (Pelón), Roberto Álvarez Rosales (Pilinche), Gioconda Guevara Delgado, 14 años, Guadalupe Girón Rodríguez, 16, Policarpo Gutiérrez y Julio Peineta.

Hacia los Barrios Orientales

Después de la masacre de El Vapor se organizó el traslado de combatientes orgánicos a los diferentes frentes. El grueso fue a los barrios Orientales. Otros a Diriamba y a León. El grupo que va con Mauricio del Carmen y Gabriel es de 26 Gabriel y Jenny Tavaricha han transitado varias veces ese camino. En Villa Fontana entran a varias casas, consiguen comida y ropa limpia para todos los combatientes y cinco vehículos. Víctor Romero con otros combatientes se retiran a las sierritas de Santo Domingo. No olvida que, en la Iglesia, el obispo Obando y Bravo les cerró las puertas. Este grupo llegó a los barrios Orientales cinco días después.

La movilización de los 26 combatientes que van con Mauricio del Carmen y Gabriel fue de película. Gabriel y Jenny van adelante en un vehículo, seguidos por Mauricio en un Volvo rojo y otro vehículo, todos repletos de combatientes y armas. Salen de Villa Fontana, pasan por Telcor, hasta la casa de Chema Castillo. Doblan en la carretera Masaya hacia Metrocentro. Allí la GN tiene una enorme barricada con soldados, y giran al oeste hacia la estatua de Luis Somoza, hoy Plaza El Sol. Hasta ese momento no hay ningún tranque, ningún silbato, ningún indicio de que quieran detenernos. Siguen hasta la Mansión Luis Somoza, luego a los semáforos del Gancho de Caminos, y avanzan hacia el sur, de los Repuestos Bóer, dos cuadras arriba.

A partir de ahí ya es tierra de nadie. Es una zona que no ocupa la guardia, pero tampoco los nuestros y donde cualquier cosa puede pasar. Es uno de esos huecos que se forman en los escenarios de guerra y en los que cualquiera de los contendientes entra y sale sin ocuparlo permanentemente. Ahí nos bajamos con las armas en las manos caminamos hasta una ermita en el barrio Managua y después voy a El Dorado con Payo. Ahí nos encontramos con Rafael Solís, Mónica Baltodano, Raúl Venerio y un vergazo de gente (…) yo me quedo en el Estado Mayor y a cada uno se le asigna un lugar de combate.

Combatientes de la Insurección de San Judas, después del 19 de julio.

Viajes de Gabriel Cardenal a los barrios orientales

Después de que el Estado Mayor de Managua entró a los barrios orientales, tuvimos contacto con Eduardo Cuadra y con Gabriel Cardenal, quienes llegaron a recibir orientaciones. La primera vez que llegó Gabriel, se abalanzó a abrazarme y me levantó en el aire con alegría, exclamando: ¡Lo logramos, Isabel! ¡Lo hicimos! Yo lo había conocido en las coordinaciones de las tendencias y me identificaba como Isabel. Ese día estaba feliz por el éxito alcanzado hasta ese momento en la insurrección.

La segunda vez que llegaron, cada uno por su lado, se les orientó mover combatientes y armas a los barrios orientales. Después del repliegue de San Judas, Eduardo trasladó su unidad en un operativo que incluyó el uso de un carretón. Gabriel (Payo) con Jenny (Tovaricha) hizo dos viajes más con armas y combatientes a los barrios orientales. Uno de ellos, con 26 combatientes que relató Mauricio del Carmen. Volvió a salir a realizar el ultimo trasiego de fusiles, y no regresó.

Últimas horas antes de ser capturado

    Gabriel parecía retar a la muerte, pues era capaz de realizar las acciones más osadas. Después de llevar a la unidad a los barrios orientales, trasladó heridos.

    Llegó a la casa del doctor Rafael Chamorro, porque cree que es médico y la sorpresa fue encontrar allí a su tío Fernando Cardenal. Rafael le explicó que era doctor, pero en leyes. Entonces buscaron al ginecólogo Álvaro Avilés, quien atendió a Adrián Meza y a Boanerges Munguía. Fernando Cardenal no había visto a Gabriel en mucho tiempo. Y lo recuerda así: La despedida de ese último encuentro, cuando él sale a trasladar las armas, es también un momento memorable, porque me abraza varias veces, emocionado. No sospeché que pocas horas después me estarían contando de su captura.

    Al dejar los barrios orientales fue acompañado por un gran combatiente, Douglas Mejía Obando, de extracción popular. En la calle principal de Villa Fontana, pasaron por la casa de una de sus más firmes colaboradoras, doña Concepción Reyes viuda de Roustan y su hija Martha Cecilia. Luego, lo vieron pasar con una camioneta de tina llena de plátanos, camuflaje para trasladar armas. En Telcor de Villa Fontana fueron capturados por una patrulla. Lo supieron porque Cela Lacayo, actriz de Radiodifusora Nacional, al pasar el esposo de Martha Cecilia, le dijo —Acaban de capturar a Gabriel Cardenal. Era el 20 de junio de 1979.

    *Relato basado en testimonios de El ángel de San Judas de William Agudelo; Relatos de combatientes al periodista Pablo Emilio Barreto, publicados en su blog Masacres somocistas; Memorias de la Lucha Sandinista, volumen II y IV de Mónica Baltodano; El Pueblo contra la dictadura, Cronología de una lucha 1978- 1979, de Mónica Baltodano; Testimonio de miembros de la Asociación de Combatientes Históricos Gabriel Cardenal en Barricada; Relato de Mario Sirias Fonseca: De la iglesia al combate.

    (1) Fue diplomático de la Santa Sede. Sus primeros trabajos en esta rama incluyeron estadías en Nicaragua.
    (2) Un relato completo, Baltodano Mónica, Memorias de la Lucha Sandinista, 2010 volumen II página 293.
    (3) Cronología del IES, 1981.
    (4) Relato de Eduardo Cuadra en el volumen IV Memorias de la Lucha Sandinista 2012, pág. 605.
    (5) Mauricio del Carmen Kiel en El ángel de San Judas, pág. 291.

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    Mónica Baltodano

    Mónica Baltodano

    Guerrillera, revolucionaria y política nicaragüense. Participó en la insurrección contra la dictadura somocista. Exdiputada de la Asamblea Nacional. Fundó el disidente Movimiento por el Rescate del Sandinismo. Tiene una licenciatura en Ciencias Sociales y una maestría en Derecho Municipal de la Universidad de Barcelona, España. Es autora de la serie "Memorias de la Lucha Sandinista".

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