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China aumenta la presión sobre las empresas occidentales

Las autoridades chinas ahora pueden tomar represalias contra empresas extranjeras que trasladen sus fábricas a otros países

China bloqueó en abril de 2026 la compra de la startup de IA Manus por parte de Meta alegando motivos de seguridad nacional. | Foto: Algi Febri Sugita/SOPA Images/Sipa USA/picture alliance

Deutsche Welle

15 de mayo 2026

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Se denomina desacoplamiento o reducción de riesgos la decisión de empresas occidentales de trasladar la producción fuera de China o de comprar menos piezas de ese país para reducir su dependencia. En teoría, China no puede impedir que el resto del mundo se desvincule, pero en la práctica Pekín demuestra lo contrario.

Las autoridades chinas bloquearon el mes pasado (abril de 2026) la adquisición por parte de Meta de la startup de inteligencia artificial (IA) Manus, de fuertes raíces chinas, por 2000 millones de dólares (1700 millones de euros). De esta manera, envía una clara señal: incluso los acuerdos forjados fuera de las fronteras de China ya no son seguros.

Las nuevas reglas disuaden del desacoplamiento

En la práctica, con estas nuevas normas, Pekín advierte a gobiernos y a compañías extranjeras sobre los riesgos de la desvinculación.

Las autoridades chinas ahora pueden tomar represalias contra empresas extranjeras que trasladen sus fábricas a países como Vietnam o India, o que repatrien su producción. También podrían enfrentar multas y ser incluidas en listas negras de sus cadenas de suministro si cumplen con los controles de exportación o las sanciones impuestas por Estados Unidos y la  Unión Europea contra entidades chinas.

“Su objetivo es, en la práctica, frustrar las medidas de reducción de riesgos, como las que la Unión Europea y los Estados miembros, incluida Alemania, han estado adoptando para disminuir la dependencia de China”, comenta a DW Rebecca Arcesati, analista del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS).

Desde la pandemia, tanto la UE como EE. UU. han intensificado sus esfuerzos para fortalecer sus cadenas de suministro y reducir su dependencia de China. Muchas empresas extranjeras han reducido sus operaciones allí. Parte de la producción se ha reubicado en países más cercanos.

Las tensiones comerciales entre China y Occidente se han venido gestando durante años, pero los nuevos y agresivos aranceles impuestos por Donald Trump a los productos chinos en 2025 aceleraron significativamente este giro. En su conjunto, estas disputas han precipitado la transición de la globalización a un sistema comercial global más fragmentado y basado en bloques.

Europa contraataca ante la sobreproducción china

Ante el reiterado dumping de productos chinos baratos —más recientemente vehículos eléctricos (VE)— que inundan el mercado europeo por los aranceles de Trump, la UE está adoptando cada vez más medidas concretas para proteger mejor su comercio con China.

En marzo, la Comisión Europea publicó los detalles de la Ley de Aceleración Industrial (IAA, por sus siglas en inglés) del bloque. Si bien no menciona explícitamente a China, la IAA tiene como objetivo reducir la dependencia estratégica de Europa de inversiones y bienes chinos, así como contrarrestar lo que consideran competencia desleal por parte de sus rivales chinos, que a menudo se benefician de enormes subsidios estatales.

Esta lucha regulatoria está colocando a las multinacionales, especialmente a los fabricantes de automóviles alemanes, en una posición cada vez más difícil, ya que empresas como Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz están deseosas de proteger su importante cuota de mercado en China.

Estas firmas también se benefician de producir una proporción considerable de sus vehículos en China, que luego se exportan. En su mercado interno, se enfrentan a la presión de reducir su dependencia de los componentes chinos, al tiempo que compiten con los fabricantes chinos de vehículos eléctricos, que experimentan un rápido crecimiento.

Un acto de equilibrio imposible para las empresas

Jens Eskelund, presidente de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, describe los nuevos poderes de Pekín como una “caja de herramientas extraterritorial” que aumentará aún más la “complejidad del comercio mundial”.

“Podrían darse situaciones en las que las empresas se vean atrapadas entre las medidas regulatorias impuestas en Estados Unidos o Europa y en China, y que sea imposible cumplirlas todas”, dice Eskelund a DW.

Según Rebecca Arcesati, la analista de MERICS, hay indicios no confirmados de que China ya está presionando a compañías extranjeras por sus planes de trasladar parte de su producción a otros países.

“Los líderes chinos han determinado que la mejor manera de garantizar el liderazgo nacional en esta tecnología es que China se vuelva más autosuficiente… y que el mundo dependa más de China para las cadenas de suministro y la tecnología”, apunta a DW.

Pekín ya ha demostrado su disposición a instrumentalizar las cadenas de suministro, endureciendo el año pasado los controles de exportación de elementos de tierras raras y otros minerales críticos. Estos materiales son vitales para la producción de vehículos eléctricos, sistemas de defensa y electrónica avanzada.

Presión china para diluir la IAA

La UE está sometida a una creciente presión por parte de Pekín para que suavice la IAA. Varios países miembros de la UE con fuertes vínculos económicos con Pekín, como Alemania, también instan a adoptar un enfoque más prudente.

A pesar de que el déficit comercial de la UE con China alcanzará la asombrosa cifra de 360 000 millones de euros (424 000 millones de dólares) en 2025, Bruselas podría tener dificultades para mantenerse firme, incluso cuando muchos analistas advierten que Europa debe proteger urgentemente su futuro industrial.

“Si yo fuera una responsable política europea, redoblaría la apuesta”, dice a DW Alice García Herrero, economista jefe para Asia Pacífico del banco de inversión francés Natixis. “Si seguimos aceptando la amenaza de China, tendremos cada vez menos margen de maniobra”.

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