Morir fuera de Nicaragua: el largo camino para volver a casa
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76.1% de nicaragüenses percibe más criminalidad. También aumento de vigilancia digital y represión laboral, según sondeo de Hagamos Democracia
Unos ciudadanos recorren una calle comercial en un mercado de Managua, Nicaragua, el 15 de octubre de 2025. | Foto: EFE/STR
El 76.1% de los nicaragüenses considera que ha aumentado la criminalidad en el país, según los resultados del sondeo de Percepción de la Realidad Política, Social y Económica de Nicaragua, presentado por Hagamos Democracia el 21 de abril de 2026, en San José, Costa Rica.
Un 23.9% cree que la criminalidad se mantiene igual. En diciembre de 2025, era el 63.7% el que creía que había aumentado. Apenas tres meses después (marzo de 2026), la percepción de aumento de criminalidad creció en 12.4 puntos porcentuales.
En paralelo, también se reporta un aumento de la represión contra los trabajadores del Estado, y de la vigilancia en contra de la ciudadanía en general.
“Este aumento resulta importante porque desmonta la narrativa oficial de control absoluto y seguridad. La ciudadanía percibe un deterioro del entorno de seguridad, lo que se suma al clima de vigilancia y represión política, profundizando la sensación de vulnerabilidad”, indica el estudio.
En el detalle, resalta un aumento en el reporte de asesinatos (de 7.5% a 9.7%); acoso callejero (de 4.5% a 9.5%); y de hurtos (de 7.0% a 8.2%). En contraste, se reporta un descenso en los robos (de 75.6% a 69.9%) y en los femicidios (de 2.7% a 1.5%).
Al menos, es lo que opinaron los 400 consultados en 40 municipios de ambas regiones autónomas del Caribe y 12 de los 15 departamentos del resto del país en el mes de marzo de 2026.
La percepción de inseguridad también tiene otros orígenes: desde lo digital hasta lo laboral, pasando por lo vecinal. En los tres casos se reportan aumentos de saberse -o sentirse- vigilados.
En diciembre de 2025, poco más de un tercio (35.6% de los consultados), afirmaba haber detectado vigilancia digital en redes sociales, correo electrónico o en su celular. Apenas tres meses después, las respuestas mostraban un aumento de 6.9 puntos en la percepción de vigilancia digital, para cerrar en 42.5%.
“Este incremento confirma que el espacio digital se ha convertido en un nuevo frente de control y amedrentamiento. La represión ya no se percibe únicamente en el territorio físico, sino también en la vida comunicacional y privada de las personas”, señala el informe.
Al definir los tipos de vigilancia digital, se señala que el modus que muestra mayor prevalencia, es el de amenazar y hostigar en redes sociales, con 38.1%. Muy cerca (36.9%), aparecen los perfiles falsos solicitando información privada. Finalmente, se mencionan las alertas de seguridad por intentos de hackeo, con 25.0%.
Sobre este tema, en el informe se señala que “aumenta fuertemente el hostigamiento abierto y cae el peso relativo de perfiles falsos y alertas de hackeo. El crecimiento de amenazas y hostigamiento en redes sociales revela una transición desde mecanismos más encubiertos hacia formas más visibles y directas de amedrentamiento digital”.
Las personas consultadas también hicieron referencia a la represión que sufren los empleados del Estado. Casi ocho de cada diez (79.6%), de aquellos que tienen familiares trabajando en instituciones públicas, dijo saber de casos de represión laboral. Ese porcentaje era de 76.5% en diciembre de 2025.
“Este incremento confirma que el aparato estatal bajo la dictadura continúa funcionando no solo como estructura administrativa, sino como mecanismo de coerción política. La represión interna en el empleo público sigue siendo una herramienta de control, disciplinamiento y lealtad forzada”, apuntan los autores del sondeo.
En el detalle, el tipo de represión interna que más se menciona fue la asistencia obligatoria a actividades partidarias, con 79.8%. A continuación se menciona la vigilancia de perfiles en redes sociales (50.8%); la asistencia obligatoria a campos de entrenamiento militar (38.3%); y la revisión de celulares (30.1%). La “intimidación y amenazas” (30.1%), cierra esta lista.
Al comparar con los valores encontrados en diciembre de 2025, se observa una mayor revisión de celulares, vigilancia de redes y entrenamiento militar. Baja ligeramente la asistencia obligatoria a actividades partidarias. “Estas variaciones son especialmente relevantes. No se trata de simples matices: indican una expansión y sofisticación de las formas de control. La vigilancia digital y la revisión de celulares muestran un régimen que avanza hacia mecanismos más intrusivos y personalizados de represión”, señala el documento.
Con respecto al espionaje ciudadano, el sondeo muestra que muchos no pueden sentirse seguros, ni estando dentro de su propia casa. Si en diciembre de 2025, el 85.6% de los consultados dijo percibir “algún tipo de vigilancia a la ciudadanía en su entorno”, en marzo de 2026, el 86.1% respondía de igual forma.
“La estabilidad de este indicador en niveles tan altos confirma que la vigilancia se ha normalizado como parte de la experiencia cotidiana. No se percibe como una circunstancia excepcional, sino como una característica permanente del entorno social bajo la dictadura”, comentan los autores.
La observación de quienes respondieron el cuestionario indica que quienes ejercen la vigilancia eran mayoritariamente los Consejos del Poder Ciudadano (CPC; 44.4%). Le sigue la Policía (29.5%) y los paramilitares (23.9%). Al comparar con los datos obtenidos en diciembre de 2025, se concluye que aumenta la identificación de la Policía como actor de vigilancia y disminuye levemente la de paramilitares.
“Este hallazgo es importante porque refuerza la percepción de institucionalización del control. Es decir, la vigilancia no recae únicamente en estructuras paraestatales o partidarias, sino que se percibe cada vez más asociada a actores formales del Estado”, insiste el informe.
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Periodista nicaragüense, exiliado en Costa Rica. Durante más de veinte años se ha desempeñado en CONFIDENCIAL como periodista de Economía. Antes trabajó en el semanario La Crónica, el diario La Prensa y El Nuevo Diario. Además, ha publicado en el Diario de Hoy, de El Salvador. Ha ganado en dos ocasiones el Premio a la Excelencia en Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en Nicaragua.
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