23 de enero 2026
Evacúan a Trump de una cena por disparos en intento de atentado
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Expertos creen que el nivel de beligerancia del Donald Trump se mantendrá en 2026, aunque malos resultados políticos en EE. UU. podrían frenarlo
El presidente de EE. UU., Donald Trump, se retira de la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza, el 22 de enero de 2026. | Foto: EFE/EPA/Laurent Gillieron
El 20 de enero de 2026 se cumplió el primer año de gobierno de Donald Trump tras su retorno a la Casa Blanca. En ese tiempo, han ocurrido hechos de enorme importancia gracias a sus decretos y políticas, que hoy tienen al mundo en vilo y a Latinoamérica sometida a sus deseos.
Parte de las medidas adoptadas por Trump, si no todas, apuntan a mejorar la economía interna de Estados Unidos, bajando la inflación y los precios, porque esa promesa lo llevó a ganar las elecciones. Sin embargo, ese objetivo no se ha concretado.
La falta de mejoría en la economía interna se ve reflejada en la caída del respaldo que actualmente tiene el presidente estadounidense. “El margen de aprobación de Trump está actualmente cerca del 40%. Es uno de los niveles más bajos para un presidente, incluso Biden, que fue impopular en la mayoría de su mandato, tenía cerca del 48 o 49%”, explica a DW Julio Sevilla, analista político y académico de la Universidad de Georgia, Estados Unidos.
“A esto se suman los resultados de elecciones locales, como las de gobernatura en Virginia, elecciones de alcalde a nivel nacional, que han resultado con un 10% más bajo para los republicanos, lo que habla de una mala evaluación interna”, añade.
Desde que regresó a la Casa Blanca, Donald Trump ha enfocado parte importante de su energía en América Latina. Hasta ahora, hemos visto su declarado interés por apropiarse del Canal de Panamá, pasando por las redadas migratorias que afectan en gran medida a centroamericanos y sudamericanos, y su intervención en Venezuela con la extracción de Nicolás Maduro. Trump también se ha dado maña para intervenir en numerosas elecciones en esta región, como lo hizo en Honduras, Argentina y Bolivia, por ejemplo.
“Lo que estamos viendo es un Estados Unidos mucho más presente e imponiéndose en la región, siguiendo los intereses del presidente Trump, que hoy son los intereses de Estados Unidos. Se ha desligado de las alianzas y la forma de trabajar de antes, de la colaboración y cercanía entre países de la región”, explica a DW Marco Frieri, analista político estadounidense vinculado al Partido Demócrata.
Por su parte, la experta mexicana en geopolítica Stephanie Henaro agrega que “Washington volvió a tratar a América Latina como zona de gestión y dejó atrás el proyecto de integración. El primer año combinó presión comercial y endurecimiento migratorio, con una preferencia por acuerdos bilaterales en lugar de marcos multilaterales. El resultado fue una región más condicionada: cooperación a cambio de alivios puntuales y una relación más volátil, porque depende de cumplimientos inmediatos”.
En este segundo año de gobierno de Trump es difícil augurar qué puede ocurrir, pero los expertos consultados coinciden en que la agresividad del mandatario estadounidense se mantendrá en los mismos niveles.
Marco Frieri señala que “lo que sigue para Latinoamérica es lidiar con un Donald Trump mucho más omnipresente, dictando el camino de la región a su manera y sin tomar en cuenta las voces de los países, porque él ya dictó que el hemisferio es de Estados Unidos”.
Esa postura es compartida por Julio Sevilla, quien cree que Trump “seguirá beligerante, ya se perdió el decoro de respetar la política interna de cada país, él va a seguir con la misma estrategia, que se alinea con la política del ‘Donroe’, donde Latinoamérica es su patio y puede hacer lo que quiera. Aunque descartaría que tenga interés en apropiarse de otros recursos naturales de América Latina, porque exigirle al Ejército de Estados Unidos tomar toda esa región sería un reto demasiado grande, costaría mucho dinero y quizás vidas estadounidenses. Además, electoralmente, las acciones como las de Venezuela no le ayudan y debe estar preocupado de que los republicanos sigan perdiendo elecciones este año, eso lo puede frenar de cierto modo”.
La guerra arancelaria iniciada por Trump con todos los países fue el comienzo de una ola de medidas que empezaron a socavar el orden mundial y que cuestionan la eficiencia de las instituciones internacionales. La agresión por parte de Estados Unidos contra Irán, el 22 de junio de 2025, los ataques a supuestas narcolanchas en el mar Caribe y la intervención en Venezuela, en clara violación del derecho internacional, hacen que hoy el mundo se divida entre los que apoyan el uso de la fuerza en beneficio propio y los que buscan acuerdos en beneficio mutuo.
En la actualidad, lo que ocupa la atención mundial es el interés de Trump por Groenlandia, la isla ártica rica en minerales, tierras raras y petróleo, todos materiales de enorme interés para el presidente estadounidense, que insiste en comprar o anexionar el hoy territorio autónomo de Dinamarca.
Para Stephanie Henaro, el escenario actual no implica la desaparición de las instituciones mundiales. “No veo un ‘fin’ súbito, pero sí una degradación del multilateralismo hacia una lógica transaccional, es decir, alianzas que se mantienen si producen beneficios medibles y rápidos. En la OTAN, la tensión no es salirse, sino convertir el compromiso en una factura. En el caso de la ONU y otros organismos internacionales, más que desaparecer, tienden a volverse espacios de regateo o a ser sustituidos por arreglos pequeños, por coaliciones ad hoc. El mundo no se queda sin instituciones, se queda con instituciones más débiles y más politizadas”, dice a DW.
“Definitivamente el orden mundial que teníamos después de la Segunda Guerra Mundial, donde Estados Unidos era líder de la democracia, de la libertad, en confluencia con Europa, ya está desapareciendo”, concluye Julio Sevilla, de la Universidad de Georgia. “Estamos frente a un Estados Unidos que vuelve al siglo XIX, colonialista, sin compás moral”.
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