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En resumen, para el presidente estadounidense, Donald Trump, Juan Orlando Hernández “podrá ser un hp… pero es uno de los nuestros”
Un ciudadano sostiene un cartel durante una manifestación frente a la Embajada de EE. UU. en Tegucigalpa, por el indulto al expresidente Juan Orlando Hernández, el 4 de diciembre de 2025. | Foto: EFE/Gustavo Amador
Así que, desde el martes pasado (2 de diciembre de 2025), el señor Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, aspirante a dictador y narcotraficante convicto, es oficialmente hombre libre. Camina libre gracias al indulto del presidente Trump, quien alegó que había sido una víctima de una trama urdida por el Gobierno de Biden. Trama que, por lo visto, habría engañado a la justicia norteamericana.
Si creo en esta película, la justicia se fue de pollo: las pruebas que acreditaron, fuera de toda duda, que Juan Orlando se enriqueció facilitando el tráfico de cocaína a los Estados Unidos, eran un puro invento. El juez debió haberlo sabido. En resumen, el hombre es, según Trump, una víctima a la que hay que compadecer.
En cambio, su hermano, Tony Hernández no fue indultado. Sigue todavía en prisión por los mismos delitos. Era el verdadero malo, supongo, el culpable de la confusión que perjudicó al Hernández bueno: dos hermanos, mismos apellidos, que hablaban con los mismos malos, pero el juez no entendió que uno lo hacía desde la bondad (Juan Orlando) y el otro, desde la codicia (Tony). Al no reparar en esto, el juez hizo pagar a un justo por un pecador.
Así que asunto resuelto y nada de caritas… y, sin embargo, sí voy a hacerlas, porque hay varias incongruencias. Las suertes tan dispares de Tony y Juan Orlando es una de esas incongruencias, pero no la única. Más fundamental es esta otra: son ya varias las semanas en las que Trump amenaza con volarle la jupa al dictador Maduro, a quien acusa de inundar Estados Unidos de drogas. Así de furioso será con cualquiera que, según él, envenene a los estadounidenses. Dice que bombardearía México. Pero Juan Orlando queda libre y, sin duda, volverá a Honduras a tejer sus no muy angelicales redes de poder. ¿Entonces?
Cuento los días para que Maduro se vaya al carajo. Debió haberse ido por las buenas hace mucho y ahorrado tanto sufrimiento. Pero, ¿por qué pasearse en Honduras? La respuesta obvia es que a Trump no le importa ese pequeño y sufrido país, que sigue en las garras del narco y la corrupción. O, tal vez no, Honduras le importa como trofeo de guerra: porque además de liberar a Juan Orlando, Trump se metió en la campaña electoral de ese país llamando a votar por el candidato del partido de Hernández. En resumen, JOH “podrá ser un hp… pero es uno de los nuestros”. Así las cosas, a mí me preocupa que algún pajarito lo invite a manosear a Costa Rica.
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Sociólogo. Investigador en las áreas de democracia y sistemas políticos. Ph.D. en Ciencias Políticas y Master en Resolución Alternativa de Conflictos de la Universidad de Notre Dame; y Licenciado en Sociología de la Universidad de Costa Rica.
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