Presión militar de EE. UU. en Venezuela: ¿Funcionará para cambiar al régimen?
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Viajar fuera de Nicaragua se ha convertido en sinónimo de miedo e incertidumbre, debido a la amenaza constante de la dictadura, por prohibir el regreso al país. El temor al exilio forzado, e incluso a perder sus propiedades frena las intenciones de viaje, o simplemente aumenta la ansiedad entre quienes deciden, o necesitan, hacerlo, de acuerdo a un sondeo realizado por CONFIDENCIAL.
Hasta principios de 2024, la prohibición de ingreso a Nicaragua parecía una orden que solo se aplicaba en contra de ciudadanos señalados de “opositores”, lo fueran o no. Pero, con el paso de los meses, la orden de rechazar a los nicaragüenses que trataban de regresar al país, se ha ampliado para afectar no solo a quienes adversan a la dictadura, sino también a cualquier ciudadano de forma indiscriminada.
CONFIDENCIAL entrevistó a empleados de entidades bancarias, de trasnacionales y ciudadanos con familiares fuera del país. Todos ellos manifestaron el temor por quedarse sin patria y que les confisquen los bienes, aunque esto no se ha generalizado a los que les prohíben el retorno a Nicaragua.
De igual forma manifestaron que el recelo a viajar, les impide cumplir metas laborales, o necesidades tan básicas como visitar a una hija en el extranjero.
Uno de los consultados manifestó que no desea salir por temor a no regresar y no poder cuidar a su abuelita. Mientras el empleado de la entidad bancaria aseguró que él viajaba para representar a la empresa y generar reportes, pero ahora prefiere no hacerlo. Aseguró que la empresa ha sido comprensiva.
Dos nicaragüenses que conocen el temor de viajar revelaron la existencia de un esquema extorsivo por medio del cual, a los viajeros de mayor nivel adquisitivo, les cobran una coima de varios miles de dólares para permitirles el reingreso.
Aseguraron que dicho sistema valora el poder económico del perjudicado y citaron a alguien que le cobraron 60 000 dólares porque consideraron que podía pagarlos. Atestiguaron de otros casos que han pagado sumas de 25 mil, otros de 10 mil y los más bajos, de 5 mil dólares, como una especie de impuesto para regresar a su propio país.
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