Logo de Confidencial Digital

PUBLICIDAD 4D

PUBLICIDAD 5D

Gaza, un genocidio con muchos cómplices

Tantas complicidades han contribuido a que Israel esté cometiendo un genocidio con la mayor impunidad en tiempos modernos

Palestina genocidio Gaza

Manifestantes de la Campaña de Solidaridad con Palestina denuncian el genocidio en Gaza frente al Parlamento del Reino Unido en Londres. EFE | Confidencial

Silvio Prado

AA
Share

Sé muy bien las dificultades probatorias que entraña una acusación de genocidio. De hecho allí está la demanda introducida por Sudáfrica contra Israel, que para ser admitida en la Corte Internacional de Justicia tuvo que pasar un minucioso examen por parte de los magistrados. Sin embargo, este artículo no pretende ser un alegato jurídico sobre los asesinatos masivos que viene cometiendo el Estado de Israel en contra de la población palestina de Gaza. Esto es un clamor político y moral: ¿Qué más tiene que pasar para que los gobiernos decentes del mundo paren de una vez este genocidio cometido con la complicidad de tantos cínicos?

Desde hace 20 meses nos despertamos cada día con el goteo incesante de muertos y heridos en Gaza, sin mencionar la destrucción física de viviendas y de instalaciones públicas, incluidas escuelas y hospitales. Es un exterminio que se ha vivido en directo con la complacencia de gobiernos y de personajes a quienes cada vez quedan menos argumentos para justificar la masacre o para esconderse en el silencio encubridor.

Unos, como Alemania, pretenden hacer pagar por su memoria culposa al pueblo palestino, con el pretexto miserable de estar comprometido con la seguridad del Estado israelí; otros hacen mutis bajo el relato mitológico de que Israel es el pueblo elegido por un dios. Todos ellos prefieren esconder bajo la alfombra el escrupuloso cumplimiento del derecho internacional que aplican en otros conflictos, como la agresión rusa contra Ucrania o el oprobioso régimen de los talibanes en Afganistán.

En un tercer grupo se encuentran los temerosos, aquellos que han sucumbido al temor de ser tildados de antisemitas, que aun rechazando el genocidio prefieren ponerse de perfil o mantenerse en una equidistancia imposible entre la masacre perpetrada por Hamas el 7 de octubre de 2023 y la que están cometiendo los sionistas, como si ambos hechos abominables pudieran ser parangonables. Estos gobiernos no han entendido el sencillo razonamiento de que ser solidarios con Palestina no implica ser cómplices de los desalmados de Hamás.

 Pero si hay un gobierno al que se puede señalar como cómplice e inductor del genocidio es el norteamericano, y con mayor asiduidad a la administración Trump. Ha proporcionado todo para que los ejecutores cumplan con el cometido de borrar a los palestinos de su territorio: las armas, el respaldo internacional e incluso los objetivos de la limpieza étnica con fines estrictamente comerciales. Ni los sionistas más rabiosos lo habían dicho tan claro. Y ha ido a más: ha criminalizado las protestas de los estudiantes universitarios al extremo de convertirse en una extensión del brazo represor sionista con el pretexto de perseguir el antisemitismo, al igual que bajo el macartismo se urdió la cacería de brujas cobijados por el anticomunismo.

Tantas complicidades han contribuido a que Israel esté cometiendo un genocidio con la mayor impunidad en tiempos modernos de lo que en teoría es la única democracia de Medio Oriente. Si nos ceñimos al concepto de genocidio aceptado por las Naciones Unidas, hay pocos actos que Israel no haya perpetrado en estos 20 meses con la intención de destruir parcial o totalmente al pueblo palestino. “Matanza de miembros del grupo”: Ya alcanzan casi los 55,000 asesinados, sin contar las personas desparecidas bajo los escombros. “Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo”: se cuentan 125,000 personas con heridas de distintos grados de gravedad, entre las que se incluye mutilaciones, impedimentos de por vida, huérfanos y deterioro en algunos casos irreversibles de la salud mental de quienes lo han perdido todo, incluidas familias enteras. “Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”: Si antes de 2013 la Franja de Gaza ya era el mayor campo de concentración del mundo en el que se hacinaban 2,5 millones de cautivos, la agresión israelí desde 2023 ha provocado desplazamientos forzosos hacia territorios aún más pequeños en los que la población mal vive en tiendas de campaña, o en centros de refugio como escuelas y hospitales, donde son cazados día y noche. A lo anterior hay que agregar el bloqueo a la ayuda alimentaria con la intención deliberada de matar de hambre a la población. “Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo”: Es uno de los actos es los que se refleja con más claridad la intención sionista de exterminar a la población palestina. La destrucción del sistema sanitario gazatí no solo implicó dificultar nuevos nacimientos, sino además que se atendiera el elevado número de niños asesinados por los bombardeos. Según datos recogidos por Vatican News, hasta la fecha ha habido más de 15 600 niños asesinados y 33 900 heridos, de los cuales 876 bebés y 4110 menores de cinco años. A todas luces una barbarie que desangra el futuro del pueblo palestino.

En un genocidio por donde se mire. Un genocidio que ni el Gobierno de Israel se atreve a desmentir. En vez de ello, su mantra justificativo sigue siendo que bombardea los lugares donde se concentra la población por sospechas de que allí se esconden combatientes enemigos. Es decir, uno de los Estados con mayor capacidad letal del mundo ha hecho suyo el discurso de los terroristas cuando reivindican sus atentados: matar indiscriminadamente para eliminar sus objetivos. Cumpliendo esto último, Israel ha empezado a ensayar una nueva táctica de exterminio: concentrar a la población en las colas del hambre para asesinar mejor.

Afortunadamente no todo es complicidad con el genocidio. Hay gobiernos y organizaciones que se están movilizando para frenar la masacre o al menos para construir un consenso humanitario alternativo. Entre estas iniciativas esperanzadoras se encuentra la Marcha Global a Gaza, que están organizando distintas expresiones de la sociedad civil de varios países con la intención llegar al puesto fronterizo de Rafah. Acciones como estas pueden hacer la diferencia para romper la complicidad de los poderosos, de la misma manera que los pueblos del mundo derrotaron el apartheid obligando a sus gobiernos a declarar Estado paria al de los racistas sudafricanos.

En su libro Calle Este-Oeste, Philippe Sands narra que el genocidio perpetrado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial fue cometido al amparo del desconocimiento del resto del mundo por la dificultad de las comunicaciones, a pesar de algunos indicios. Sin embargo, con este nuevo genocidio no ocurre igual. Se está cometiendo un genocidio todos los días retransmitido en directo por todo tipo de medios de comunicación. Esta vez nadie tiene excusas para mirar hacia otro lado, ni siquiera los más hipócritas de los cómplices. El genocidio en Gaza tiene que parar y los culpables, los asesinos de ambos bandos, tendrán que ser llevados ante la justicia internacional. Mientras esto no ocurra, cada uno lo llevará en su conciencia -porque conocemos lo que se está perpetrando- como una afrenta la impunidad de los genocidas.

PUBLICIDAD 3M


Tu aporte es anónimo y seguro.

Apóyanos para que podamos seguir haciendo periodismo independiente en el exilio. Tu contribución económica garantiza que todas las personas tengan acceso gratuito a nuestras publicaciones.



Silvio Prado

Silvio Prado

Politólogo y sociólogo nicaragüense, viviendo en España. Es municipalista e investigador en temas relacionados con participación ciudadana y sociedad civil.

PUBLICIDAD 3D